«El año pasado hubo 160.000 denuncias, pero aún son solo el 28% de las víctimas»

Teresa Peramato, galardonada con el Premio Alicia Salcedo. / M. ROJAS
Teresa Peramato, galardonada con el Premio Alicia Salcedo. / M. ROJAS

Teresa Peramato, Fiscal de Violencia sobre la Mujer de la Fiscalía General del Estado, recibe este miércoles el premio a la Igualdad Alicia Salcedo del Colegio de Abogados

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Teresa Peramato (Salamanca, 1962) es Fiscal de la Sala contra la Violencia sobre la Mujer de la Fiscalía General del Estado. Su compromiso en la lucha contra la violencia de género le ha valido para ser galardonada con el Premio a la Igualdad Alicia Salcedo, que concede cada año el Colegio de Abogados de Oviedo. El miércoles día 7 de marzo recibirá en mano este galardón. Firme defensora de la educación en igualdad, Paramato reconoce el avance de los últimos años en materia de protección a la mujer, pero es consciente que no todas las soluciones pasan por la respuesta penal.

-¿La igualdad de género avanza a golpe de sentencia?

-Se avanza y espero que no sea solo a golpe de sentencia. La movilización social está produciendo más efecto que los pronunciamientos judiciales. Se está poniendo en el candelero las desigualdades que sufrimos las mujeres por razón de género y haciendo que se movilicen las instituciones para que se pueda ir avanzando al respecto. Sin embargo, hay muchas discriminaciones que se tienen que resolver con sentencias pioneras.

-Habla de sentencias pioneras. La Audiencia Provincial de Oviedo, el año pasado, utilizó por primera vez el agravante de género en una sentencia. ¿Hay un antes y un después de la inclusión de este agravante en el Código Penal?

-Ha sido una reforma importantísima porque es la manera de que ese desvalor añadido, que es el actuar por discriminación contra la mujer, tenga un reflejo en la respuesta penal porque sino se condenarían de forma igual hechos desiguales y eso no es justicia. No es lo mismo matar a cualquier persona que matar a la mujer porque la discriminas o no la consideras igual en la relación de pareja.

-¿Cuánto se ha avanzado en la lucha contra la violencia de género?

-Hemos avanzado muchísimo. Solo tenemos que comparar la situación actual con la que existía hace 20 años antes de la entrada en vigor de la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Esta ley ha sido el resorte fundamental porque ha hecho posible que haya un nivel de concienciación y sensibilización que jamás hubiéramos soñado. Tenemos una jurisdicción, una Fiscalía y una Policía especializada en violencia de género. Además, contamos con una legislación nacional y autonómica destinada a la protección y ayuda a las víctimas en un sentido amplio tanto a las mujeres como a sus hijos e hijas.

-Menciona a los hijos de las mujeres. Cada vez hay más episodios en los que los menores se convierten en víctimas de la violencia machista. ¿Hay alarma?

-Se nos pone los pelos de punta el pensar que un individuo pueda matar a su hijo para hacer daño a la mujer o instrumentalice a los hijos para mantener una situación de dominio y hacerle daño. Es alarmante porque el año pasado, según nuestros datos estadísticos, fueron asesinados ocho niños en el contexto de la violencia de género. Debemos de ser más activos y diligentes en la protección de los hijos de las víctimas de violencia de género. Ahora bien, eso no significa que no se vaya a producir nada por mucho que nosotros afinemos la respuesta, porque en muchas ocasiones no hay denuncias previas para actuar con antelación.

-Sigue habiendo mujeres que no denuncian y órdenes de alejamiento que no se cumplen.

-Aquí hay mucho que avanzar porque a pesar de que en los últimos años se ha incrementado el número de denuncias, aún hay mujeres que no lo hacen. Un dato reseñable es que el año pasado, con datos aún sin cerrar, alcanzamos las 160.000 denuncias, lo cuál supone 20.000 más que el año anterior. Esto no quiere decir que seamos autocomplacientes, porque solo el 28% de las mujeres denuncian, mientras que el 65% de la violencia que sufrían las mujeres en España no había sido denunciada. Un dato a destacar es el repunte de la violencia que sufren jóvenes y adolescentes a través de las nuevas tecnologías. Lo uno con lo otro hace que nos encontremos con una violencia oculta.

-¿Hay datos constatados de agresiones físicas o psicológicas entre parejas de adolescentes?

-Sí y además las nuevas tecnologías relacionan la violencia de abuso y la de acoso a la de control y sometimiento como una herramienta que les facilita muchísimo esa posibilidad. Pero lo verdaderamente preocupante es que las propias menores resten importancia a la violencia que sufren y la corta edad con la que empiezan a sufrir este tipo de situaciones.

-¿Qué papel cumple en todo esto la educación de los jóvenes?, ¿estamos yendo hacia atrás?

-A mí no me gusta ser tan negativa pero es verdad que veo un retroceso en esos valores que nosotros aprendimos, que teníamos bien asumidos y luchado por esa igualdad en todos los aspectos. Ahora se admite ese control confundiéndolo con la idea de amor romántico o celos justificados. Estamos fallando en la educación y en la transmisión de principios y valores.

-Y llegó el tan demandado Pacto Estatal Contra la Violencia de Género.

-El hecho de que todos los partidos políticos hayan llegado a este acuerdo hay que valorarlo positivamente. Ahora bien, lo realmente necesario es que se hagan las aportaciones presupuestarias porque sin dinero no hay posibilidad de poner en marcha las medidas que dependen de esa aportación. Luego están las reformas legislativas y uno de los puntos esenciales para avanzar en la lucha contra la violencia de género es la modificación del artículo 416 de la dispensa.

-¿Qué significa esto?

-Las víctimas que mantienen una relación de pareja o de matrimonio pueden acogerse a su derecho a no declarar cuando llegan al juzgado. Esto provoca un vacío probatorio en la mayoría de las ocasiones. La consecuencia de esto es la imposibilidad de proteger a las víctimas porque puede desembocar en una sentencia absolutoria, una impunidad que coloca a las víctimas en una situación de mayor vulnerabilidad y el agresor sale reforzado.

-Más temas. Hay diputadas que hablan de «portavozas», años atrás una ministra acuñó el término de «miembras». ¿Qué le parece que se esté distorsionando el idioma en aras de la igualdad?

-Estoy a favor de un lenguaje inclusivo pero que no sea cansino. Portavoza no lo veo porque la voz es femenino y no veo necesario que se añada ninguna vocal para conseguir ese objetivo de hacer un lenguaje inclusivo. Con todo, la utilización de un lenguaje no sexista es importante porque es un instrumento de comunicación y de transformación de comportamientos por lo que la utilización inteligente de un lenguaje inclusivo es fundamental.

-La mayor parte de las medidas para luchar contra la violencia de género van en aras de la protección de la mujer. ¿Qué pasa con el varón?

-Esa es la cuestión. No nos tendríamos que proteger nosotras sino que deberíamos educar a los hombres para que no tengan ninguna posibilidad ni intención de agredirnos de ninguna manera.

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