Un paseo por la historia oculta de Oviedo

Los estudiantes ovetenses posan delante de la Catedral./
Los estudiantes ovetenses posan delante de la Catedral.

Los alumnos del colegio Loyola descubren los secretos del Oviedo Antiguo a través de visitas guiadas

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

El casco antiguo de Oviedo encierra detalles que a simple vista pasan inadvertidos: un grafiti del siglo XVI con la cara de Cristo, un arco de la Catedral que actúa a modo de señal indicadora, esculturas que parecen de piedra pero no lo son... Secretos que los alumnos del colegio Loyola han descubierto a través de una iniciativa que busca que «conozcan Oviedo», como así resume David Fernández, profesor de Geografía e Historia del centro escolar, este proyecto.

Se trata de recorrer las calles del casco histórico de la ciudad siguiendo las explicaciones de un guía especializado. No es cualquier explicación y tampoco cualquier guía. «Les acercamos parte de la historia de la ciudad de una manera amena y distendida», explica Noelia López, guía de turismo oficial de Asturias. López está especializada en interpretación del patrimonio artístico y cultural, un bagaje necesario para desvelar los secretos ocultos que encierra, por ejemplo, la Catedral.

La basílica es parada obligatoria en estas visitas guiadas a los escolares. La guía sumerge a los alumnos en un viaje imaginario a través de los siglos. «Mirad ese arco de ahí». Noelia López señala un arco, a primera vista imperfecto, ubicado en la parte izquierda de la Catedral, justo en la salida que comunica con la calle de El Águila. «Está torcido», se escucha a los escolares. Lo está porque es un «arco direccional», explica su guía. «Señala el lugar por donde debían salir los peregrinos para ir hacia Santiago de Compostela tras visitar la Catedral», argumenta Noelia López. La anécdota sirve para que los alumnos del Loyola profundicen en la importancia del reinado de Alfonso II como impulsor del Camino de Santiago Primitivo. Una simple anécdota arranca una clase de historia diferente. «Estamos aprendiendo muchas curiosidades, hace que te pique el gusanillo de aprender más», asegura Inés Iglesias, estudiante de 3º de la ESOen el Loyola.

Un monumento con ocho siglos de historia da para muchas anécdotas. No en vano, es la segunda catedral más antigua de España, tras la de Toledo. Pero esa antigüedad no impide que los muros de la basílica encierre un concepto artístico moderno: los grafitis. «La Catedral guarda cientos de grafitis que hacían los peregrinos», señala Noelia López a unos alumnos a los que les cuesta creer lo que están escuchando. «Pero si los grafitis se pintan con aerosoles», apostilla Alfredo García. «Eso ahora, pero en el siglo XVI se grababan en la piedra caliza», responde la guía. Y como no es lo mismo contarlo que experimentarlo, Noelia López dirige al grupo de escolares hacia la puerta de entrada principal de la Catedral. Justo en su parte derecha se ve grabado en la piedra el rostro de un hombre. «Se cree que es el grafiti que realizó un peregrino tras la impresión que se llevó al contemplar el Santo Sudario. Se cree que es del siglo XVI», explica Noelia López. «Molan más los de hoy en día», apunta uno de los alumnos. «Eso para mí no es un grafiti», asevera Claudia Poo ante la imagen de Cristo grabada sobre la piedra caliza. «Yo paso por aquí todos los días y nunca lo había visto. Me sorprende mucho porque todo es muy interesante», resumió Mateo Gayoso. «Hay muchas cosas que no sabía de Oviedo», reconoció.

El recorrido a través de la otra historia de la ciudad les llevó hasta la plaza de Trascorrales. Allí descubrieron que la famosa mujer de la escultura de la lechera se llama ‘Nati’ y es un homenaje a las vendedoras de leche que llegaban a Oviedo. «Si os fijáis lleva la falda bastante corta para la época. Esto es así porque era una vendedora que venía de fuera de la ciudad. Para no mancharse de barro por los caminos sus faldas no podían ser muy largas», les explica la guía, que les dirige hasta la plaza del Ayuntamiento donde los alumnos descubieron otro secreto. «Veis las esculturas de la portada de la iglesia de San Isidoro. ¿De qué material son?», pregunta Noelia López. «De piedra», responden los alumnos. Error. «Son de madera». Otro secreto desvelado de la historia de la ciudad.

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