«En Los Pilares parece que vuelves a la posguerra»

Estado actual de la esclaera de bajada hacia Los Pilares, con pintadas y verdín alrededor.
/A. PIÑA
Estado actual de la esclaera de bajada hacia Los Pilares, con pintadas y verdín alrededor. / A. PIÑA

Vecinos del entorno del monumento denuncian que está «abandonado y sucio» y urgen soluciones

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Casi escondido entre las vías del tren y el comienzo de la falda del Naranco, se alza el vestigio del acueducto de Los Pilares, construido en el siglo XVI y declarado Monumento Histórico Artístico en 1915. Un lugar de escaso tránsito y que, según advierten los residentes de la zona, está «abandonado».

Marigel Fernández, vicepresidenta de la Asociación de Vecinos de Los Pilares, resume la situación: «Ratas como gatos, escaleras para bajar al acueducto con agua arroyando, verdín, herrumbre... Está indecente. La gente pasa por encima y nadie mira para ello».

El presidente de la Asociación de Vecinos de Vallobín, Javier Fernández, denuncia que «en Los Pilares, parece que te trasladas a la posguera. Hay mucha suciedad y pintadas». La situación viene de largo: «Desde que hizo Gabino de Lorenzo la losa, nadie hizo nada más allí», añadió. Y aún hay más porque «la humedad y las pérdidas de agua de las fuentes de la losa ocasionan moho en la zona».

El Consistorio recuperará primero la muralla y el kiosco del Bombé

Lamenta la escasa atención municipal: «En otras ciudades un monumento de esta envergadura sería una atracción turística y cultural». El Ayuntamiento no se olvida de Los Pilares, pero una posible solución deberá esperar. La concejala de Infraestructuras, Ana Rivas, adelanta que no habrá más proyectos de recuperación del patrimonio histórico «hasta que no se haga el de la muralla». «Ahora estamos con este asunto e intentando sacar el kiosco del Bombé. Después vendrán los que sean necesarios», explica.

Mientras pasa el tiempo, en el parque junto a Los Pilares se forma verdín sobre las losetas y «los padres no van allí con los guajes, los llevan al de la losa». A ello se une la presencia de animales indeseables: «El asunto de las palomas es insoportable. Las gaviotas se hacen fuertes allí».

«Debido al abandono, el pequeño comercio está desapareciendo», afirma el dirigente vecinal. «Es raro que una vez el mes no cierren bares. Aguanta una tapicería y unos talleres mecánicos en Arquitecto Tioda, cuando el comedor del Garabatu daba comidas a punta de pala», recuerda.

Historia

«El acueducto fue muy importante durante siglos, traía el agua a Oviedo. Se pensó en hacer por encima un paseo», ilustra la cronista de la ciudad, Carmen Ruiz-Tilve. Pero, prosigue, «la modernidad suele llegar a Oviedo de mano de 'doña Piqueta'. En enero de 1915 decidieron cargárselo, ya había agua corriente». El suceso «se hizo famoso» e incluso, aquel carnaval, «señoritos y gente joven llevaron un acueducto de cartón al Campoamor, a modo de burla». «Me da pena. Dejaron los muñones ahí, que no significaban nada. Como conservatorio de la desidia, otra cosa no son. Lo que había era una obra de arte», lamenta.

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