'Pochi' , una perra «milagro» de 18 años

'Pochi' , una perra «milagro» de 18 años

El centro se renueva y «está mucho mejor», asegura una trabajadora tras un año del relevo en la gestión

LA BOLGACHINA.

Entre todos los animales, hay una perra que pasea a su antojo por el Albergue, sin jaula, sin raza conocida (es mestiza). Se trata de 'Pochi', una can medio ciega y sorda ya, de 18 años. «Es un auténtico milagro que haya llegado a esa edad aquí», reconoce Eva Rodríguez. Otro habitante singular es 'Duque', un pitbull que pertenece a un hombre acusado de maltrato animal por dejar morir a otro perro. Va recuperándose, pero aún se le notan las costillas.

Cuando se cumple un año del cambio de gestión de la Perrera municipal de La Bolgachina, que tras 22 años pasó de la Sociedad Protectora de Animales a la Clínica Quirós, las cifras hablan por sí solas. Al principio había 350 perros y ahora son 200; un dato bueno, un 43%. Aunque, si el objetivo fuera que cada perro disfrutase de una sola jaula, todavía hay que continuar, pues solamente hay 120.

La situación de los gatos es mucho mejor. De los 75 que eran inicialmente (5 más del cupo municipal) ahora son 20, un 73% menos. Además, «se ha creado la gatoteca, fomentando la socialización de los felinos», comenta Eva Rodríguez, coordinadora de adopciones del Albergue de Animales. Tienen alfombras, juguetes, amplio espacio y hasta libros para que se los lean. Ya no hay conejos.

«Está muchísimo mejor. Yo no trabajaría como estaba antes aquí», afirma una de las operarias, Marta Álvarez. Se había llegado a un estado preocupante, con sacrificios, animales sin los cuidados médicos básicos y ni siquiera había «registros de entradas ni defunciones», cuenta Rodríguez. El «clamor popular» llevó al Ayuntamiento a sacar a concurso la adjudicación, que ganó la Clínica Quirós tras defectos de forma de la otra contendiente, con la condición de acabar con los sacrificios en los pliegos.

El doctor Pedro Quirós relataba al poco de acceder que hubo que operar a 120 perros porque tenían prolapsos en los párpados, hernias y hasta tumores mamarios. Ya en 2018, se ha implantado una tasa por adopción de animales o por la permanencia de los mimos allí cuando se pierden y se va a buscarlos.

El albergue ha implantado jornadas de puertas abiertas y un programa de tenencia responsable en los colegios. El Consistorio está formando voluntarios, iniciativa que la veterinaria, Eli Güenetxea, espera que sirva para que los perros puedan pasear: «Algunos no han salido en toda la vida, no han socializado, y tienen problemas comportamiento». Ella se encarga de que todos los animales estén esterilizados, desparasitados y vacunados. Ya tiene todo al día y relata que algunos animales llegan «con la piel y las patas muy mal» y otros los dejan en el torno y no se explican su estado «maravilloso». Hay asimismo iniciativas privadas, como la del taxista Ríxar García, que por una cantidad fija lleva a gente al albergue, espera a que prueben los perros -otra novedad- y luego los lleva de vuelta a la ciudad en su coche, preparado especialmente para el viaje.

En este tiempo se han hecho mejoras. Hay un pequeño cercado interior para que los animales se esparzan. El edificio se reparó y ahora tiene vestuarios para mujeres, oficina, cocina, un pequeño quirófano para curas menores y vacunaciones. Actualmente «están cambiando los tejados, que eran de fibrocemento», material tóxico», señala la concejala de Salud Pública, Mercedes González. La artífice del cambio de gestión hace una valoración «muy positiva» de la situación.

También se construye un pequeño establo para animales grandes. Y es que durante ese año al albergue han llegado diversas especies: cabras, caballos, ovejas, burros, hurones, conejos, cobayas, hámsters, tortugas, pájaros de diverso tipo y hasta un pato. Sumados a los perros y gatos, 600 ejemplares han pasado por la Perrera este último año.

Rodríguez afirma que continúan «con la misma gana e ilusión de dignificar la vida de los animales abandonados» un año después, pero ahora su misión se vuelve más difícil. Los animales que van quedando son más difíciles de colocar y las familias, que son los principales adoptantes, «no se quieren complicar». «Auguro que en un año habrá un 50% de perros potencialmente peligrosos y un 50% de abandonos de la zona rural, donde no se esteriliza», concluye. En La Bolgachina ahora se oyen menos ladridos, el olor es más suave y se respira esperanza.

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