La Policía cree que los detenidos actuaban desde «hace años»

Una imagen del osario, lugar al que trasladaban los restos tras ser exhumados. / PIÑA

Los trabajadores del camposanto guardan silencio ante un suceso que ha caído como un jarro de agua fría en el recinto de El Salvador

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Tras las investigaciones que destaparon el robo de joyas y piezas dentales de oro de los cadáveres, por parte de cuatro empleados del cementerio, la Policía Nacional concluyó que estos movimientos delictivos venían sucediéndose desde «hace años». Sin embargo, y al cierre de esta edición, no ha habido ninguna denuncia ni reclamación de personas que tengan algún familiar enterrado en el cementerio municipal y cuyos restos hayan sido profanados para quitarles las joyas antes de ser depositados en el osario general, según ha podido saber este periódico.

El cementerio municipal cuenta con dos regímenes de enterramiento: una concesión por cincuenta años o un arrendamiento por cinco años. Después de este tiempo, los restos se exhuman y se trasladan al osario general. De ello se traduce que los cadáveres profanados por los cuatro empleados a los que usurparon sus efectos personales debían trasladarse a los osarios pasado el tiempo estipulado en su régimen de enterramiento.

Mutismo total

Los ánimos en el cementerio municipal de El Salvador, ayer por la tarde, estaban crispados. Lo estaban porque la sombra de la detención de cuatro de sus trabajadores, como presuntos autores de un delito de apropiación indebida y otro de profanación de cadáveres, planeaba sobre el camposanto.

Las instalaciones se encontraban prácticamente vacías en una tarde soleada en la que un grupo de operarios hacía cuadrilla. «No vamos a decir nada», advirtieron. No lo dijeron pero sus caras lo reflejaban todo. Gestos serios, recelosos y esquivos ante un suceso que ha conmocionado a la comunidad de trabajadores del El Salvador.

Desde las oficinas centrales del camposanto, el silencio también fue el protagonista. «Nosotros no tenemos permiso para hablar nos remitimos al gerente de la empresa», apuntaron. Mutismo total ante un hecho que no ha pasado desapercibido para nadie y que muchos ya han calificado como «macabro» o «morboso».

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