Premio a la mujer trabajadora

Manuel Menéndez, presidente rotario de Oviedo, entrega una escultura de Kiko Urrusti a la abadesa de Las Pelayas.
/FOTOS: MARIO ROJAS
Manuel Menéndez, presidente rotario de Oviedo, entrega una escultura de Kiko Urrusti a la abadesa de Las Pelayas. / FOTOS: MARIO ROJAS

La abadesa de las Pelayas recoge el galardón de los rotarios y lo extiende «a todas»

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

El Rotary Club de Oviedo reconoció la labor de las comunidad benedictina de las Pelayas, «por la música callada de su labor, ininterrumpida desde el siglo IX», con la entrega del galardón a la mujer trabajadora. Una distinción que además, según explicó el presidente de los rotarios, Manuel Menéndez, sufragará «un proyecto para la clasificación del fondo de Silverio Cerra, un sacerdote que murió y donó algunos libros de fray Benito Feijoo, para que puedan ser vistos y utilizados por los estudiosos».

Recibió el premio en nombre de las monjas su abadesa, sor Rosario Fernández-Miranda, «precisamente hoy, cuando hay en nuestra sociedad un clamor para que sea real el respeto hacia todas las mujeres, y el respeto de sus derechos idénticos a los varones, con los que compartimos una misma dignidad. Clamor que, si es atendido, será para bien de todos. Deseamos que este galardón alcance también a todas».

La religiosa, que recibió un ramo de flores y una estatua de Kiko Urrusti, ensalzó el trabajo de las hermanas, que «no es flor de un día, sino fruto esforzado de una tarea perseverante». Aunque «lo más importante de todo son las propias monjas», ya que «sin el amor compartido no habría equilibrio en la construcción, ni brillo en la limpieza, ni belleza en el canto, ni serían tan dulces las pastas».

Sor Rosario Fernández-Miranda Abadesa de las Pelayas «Sin el amor compartido no habría brillo en la limpieza ni serían tan dulces las pastas» Javier Portilla Rotario «Las Pelayas salvaron 3.170 pergaminos en 1934, poniendo en peligro sus propias vidas»

«La plenitud de la vida nos llega compartiéndola con los demás», recalcó la abadesa, quien también quiso recordar que las Pelayas trabajan para ganarse el pan: «Por ser monja no se recibe ningún tipo de asignación económica, ni de la Iglesia ni de la Administración».

Glosó la figura de las Pelayas, por los rotarios, Javier Portilla. Aseguró que se trata de «la comunidad religiosa femenina más antigua de España, habitando el mismo domicilio fundacional» y alabó que, en los días aciagos de 1934 y 1936, escaparon con «las reliquias de san Pelayo y los 3.170 pergaminos del archivo histórico, teniendo que poner en peligro sus vidas». También hizo reír al público cuando contó que, de pequeño, sus hermanas le gastaron la broma de meterlo en el torno.

Antes del homenaje, los 90 rotarios asistentes (70 de fuera de Asturias) disfrutaron del canto de vísperas y de un concierto de cítara a cargo de sor Covadonga Querol en la iglesia. A continuación, dieron un paseo por el claustro central y luego pasaron a las salas, donde contemplaron una reciente donación de cerámicas de Manises y la colección de Cerra. Entre ellas, había primeras ediciones de Feijoo además, de las cuatro únicas cartas manuscritas suyas que se conservan. La visita finalizó con un ágape.

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