«En principio no habrá Caldo de Ramos con el gobierno», dice el deán

Wenceslao López y Jesús Sanz Montes en una de sus últimas celebraciones conjuntas. / M. ROJAS
Wenceslao López y Jesús Sanz Montes en una de sus últimas celebraciones conjuntas. / M. ROJAS

El Cabildo asegura que «no es el momento para andar brindando» y el alcalde opina que las relaciones con la Iglesia «no son 'Gran Hermano'»

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Todo indica que este año seguirá sin recuperarse el Caldo de Ramos, un tradicional encuentro entre la Iglesia y el Ayuntamiento que dejó de celebrarse en 2017 por primera vez en medio siglo. La tradición cuenta que Valentín Masip, alcalde entre 1957 y 1963, invitó al arzobispo y compañía a disfrutar de un ágape un día frío del inicio de Semana Santa; luego recibió de vuelta una invitación para tomar fresas el día del Corpus. Pero hoy las relaciones entre las dos instituciones son tan frías como aquel día. «En principio no habrá Caldo, no se ha tratado. No lo hemos siquiera considerado», adelanta el deán de la Catedral, Benito Gallego.

La historia de los desencuentros entre el actual equipo de gobierno y el Arzobispado es larga. Ningún miembro del tripartito (Somos, PSOE e IU) ha ido en estos tres años a un acto religioso de forma oficial. El Cabildo decidió renunciar nada más llegar el nuevo poder a la subvención municipal de 20.700 euros «para que no hubiera interferencias en la vida ordinaria». Pero el punto culminante de la tensión fue en abril del año pasado, cuando los dirigentes de la Catedral divulgaron que contaban con un informe de medición de ruidos con motivo de los grandes eventos junto a la Catedral. El concejal de Cultura, Roberto Sánchez Ramos, aseguró que la ciudad «no renunciará» a los conciertos en la plaza de Alfonso II y la Iglesia decidió suspender el Caldo. El arzobispo, Jesús Sanz Montes, dijo luego que «es mejor un caldo amable y calentito que una infusión de cardo».

El deán considera que el encuentro «ya no está muy en la consideración de la organización de la Semana Santa». «Nos parece que no es el momento para hacer ese tipo de reuniones, andar brindando», en un contexto de rechazo a los ágapes de tiempos pasados, y si «no parece bien a la gente, ¿por qué vamos a dar un disgusto?», argumentó. Si los concejales del gobierno local «vienen a la misa y a la procesión les daremos una palma, que es lo que hacemos habitualmente, y nada más», añadió el líder del Cabildo. Gallego quiso dejar claro que «en absoluto» hay un enfado con el Ayuntamiento, y que el último contacto con el mismo, para abrir la Catedral la Noche Blanca, fue «bien» y si se lo piden de nuevo «volveremos a colaborar».

Pocos encuentros

Preguntado esta semana sobre las relaciones con la Iglesia, el alcalde, Wenceslao López, afirmó le corresponde «una buena relación», la que debe «tener un Ayuntamiento con un alcalde de izquierdas y una Iglesia católica que en es mayoritaria y tiene una gran presencia de Oviedo». Pero al inquirirle sobre la escasez de sus encuentros, arguyó que «las relaciones son institucionales, entre el arzobispo y el alcalde, no es un 'Gran Hermano'.

No se pronunció el regidor sobre su respuesta a la carta del arzobispo en la que este se sorprendía de las formas con la que el concejal de Economía, Rubén Rosón, le pedía colaboración a fin de conocer los bienes eclesiásticos sin culto, para gravarlos con los impuestos municipales correspondientes. Fuentes del Arzobispado señalaron que «está escrita en un tono muy cordial, pero es privada».

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