Problemas de diseño, 80 agujeros y una guerra por los pinchos

Vecinos siguen las obras de la losa en noviembre de 1998.
Vecinos siguen las obras de la losa en noviembre de 1998. / M. ROJAS

El Ayuntamiento agujereó la impermeabilización de la cubierta al colocar arquetas, farolas o las carpas de La Ascensión

G. D. -R. OVIEDO.

El 24 de mayo de 1999, los ovetenses estrenaron la losa de Renfe después de dieciséis meses de obras. A tres días de las elecciones, el candidato y alcalde Gabino de Lorenzo rebajó la inauguración a una puesta en servio en cumplimiento de la Ley Electoral, una observación que no le impidió servir un catering y que hubiese peleas por los pinchos gratis. Los ovetenses no lo sabían, pero aquel suelo que pisaban, aquel prodigio de la ingeniería que eliminaba la barrera de vías que separaba Ciudad Naranco del centro era un ya un queso de Gruyere.

Terminada la estructura, el Ayuntamiento acometió la urbanización de la plaza con más prisa (tal vez electoral) que acierto. El proyecto no contemplaba servicios ni conducciones, ya que estos se desviaban por los bordes de la losa. «Pero la realidad es otra. Se han contabilizado más de 80 arquetas (de alumbrado, de abastecimiento, para la fuente y bocas de riego y de recogida de pluviales), así como sumideros, rejillas, columnas de alumbrado», que perforaron la lámina impermeabilizante superior, «aspecto este que se observa claramente en las arquetas», detalla el proyecto elaborado por la consultora de ingeniería, Inca. Esto es, el Ayuntamiento agujereó 80 veces al menos la cubierta antes de siquiera inaugurar la plaza.

A medio plazo, hubiera dado lo mismo. Partes de la plaza, según los sondeos hechos, ni siquiera tienen capa impermeabilizante. Caso de la zona más próxima al hotel o de viaducto Marquina. En otras, su espesor se mide en milímetros (20, por ejemplo) y, además, la solución planteada no es la idónea. La losa se asienta sobre pilares de acero que sostienen grandes placas de hormigón. El metal transmite las vibraciones que causan los trenes y también se dilata y encoge con rapidez, lo que transmite tensiones que dañan, rasgan o perforan la impermeabilización.

«Ello hace que existan gran cantidad de puntos de entrada de agua a la estructura inferior», dice la memoria. Tampoco ayuda la propia estructura. Parte se rellenó en su día con arlita, una arcilla cerámica que se fabrica y emplea como árido por su bajo peso, pero que en la losa actúa como un acuífero. Absorbe el agua cuando llueve hasta saturarse y la deja caer sobre la estación incluso cuando hace varios días que han cesado las precipitaciones. Es otro de los problemas a solucionar. Las obras arreglarán la plaza de los Ferroviarios, con una superficie de 10.500 metros cuadrados, para el futuro quedan las de la avenida de los Premios Príncipe de Asturias.

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