El Reconquista recupera el remate de su cúpula después de cuatro años

La bola y la cruz, ayer, ya sobre la cúpula de la capilla. / PIÑA
La bola y la cruz, ayer, ya sobre la cúpula de la capilla. / PIÑA

La propietaria del emblemático hotel vuelve a montar la bola y la cruz, que una fuerte tormenta echó abajo en 2014

G. D. -R. OVIEDO.

Hoasa, la sociedad semipública propietaria del Hotel de La Reconquista, volvió ayer a colocar sobre la cúpula del antiguo Hospicio de la ciudad la cruz y la bola que remataban el pináculo de aquella. Dos elementos que una fuerte tormenta echó abajo hace cuatro años y cuya recuperación exigía el Ayuntamiento desde hace dos ejercicios. No en vano ambos elementos decorativos estaban allí desde la construcción del edificio, iniciada en 1752. En verano de 2014, tras una fuerte tormenta, sufrieron daños y se desprendieron de su enganche pétreo, causando además problemas en la impermeabilización de la cúpula. Hoasa solicitó entonces al Ayuntamiento licencia para la retirada manual de las dos piezas metálicas, previa desconexión del pararrayos, y el sellado del remate superior.

Esa licencia fue concedida, previo acuerdo de la Consejería de Cultura, y siempre bajo la condición de la restitución de los elementos constructivos y decorativos afectados. Algo que no se hizo. En 2016, el Ayuntamiento amenazó como tomar cartas en el asunto y acometer la ejecución subsidiaria de los trabajos ante la pasividad del Principado, propietario mayoritario del hotel. Llegó a enviar un requerimiento dando dos meses de plazo para la recolocación de la cruz y su bola. No hizo falta cumplir la amenaza, el Principado habilitó una partida para los trabajos en el siguiente presupuesto y ayer, casi cuatro años después de los destrozos, las dos piezas volvieron a su emplazamiento.

El palacio barroco fue construido a finales del siglo XVIII por orden del regente de la Audiencia del Principado de Asturias Isidoro Gil de Jaz. Encargó el proyecto al arquitecto Pedro Antonio Menéndez de Ambás, que diseñó todo el complejo a excepción de la capilla, obra de Ventura Rodríguez.

El encargo inicial era muy claro: el edificio debería servir de «hospicio y hospital de huérfanos, expósitos y desamparados, con el objeto de recoger a huérfanos e inválidos y darles una instrucción». Y esa labor cumplió hasta 1965, antes de convertirse en el hotel de lujo.

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