Los recursos del canal de Aramo son un 50% menores que el año pasado

López, Taboada y Álvarez, en el recorrido por el túnel.

La Corporación visita el manantial de Cortes, a 60 kilómetros de Oviedo, para concienciar de la sequía y dar a conocer «un esfuerzo de un siglo»

G. D. -R. OVIEDO.

Ocho horas y media. Eso es lo que tarda el agua que mana del manantial de Cortes, en Quirós, en pleno Parque Natural de Las Ubiñas-La Mesa, en llegar hasta el grifo de los ovetenses, a sesenta kilómetros de distancia. Y no mana mucha. «Tomamos cinco litros por segundo», explica el ingeniero municipal, Ignacio Ruiz Latierro, en la caseta de la captación a representantes de todos los grupos municipales. Otros treinta, rebosan por el azud, son el caudal ecológico de un manantial del que el Ayuntamiento tiene autorizado tomar trescientos. Al lado, en el canal de alivio, crecen flores, signo del tiempo que lleva sin ser necesario verter por exceso de agua.

El punto, a 836 metros sobre el nivel del mar, marca el arranque del canal del Aramo, fruto «del esfuerzo de más de un siglo» de la ciudad por captar agua, apunta el alcalde, Wenceslao López. «Hoy sería imposible». El tramo quirosano, que recoge las aguas de Cortes, Navachos, Lindes y Fuentes Calientes, debería sumar seiscientos litros por segundo. «Hoy da cincuenta y dos», resume Latierro, junto a la boca del túnel de La Cobertoria. La cuenca del canal ha recibido en este año hidrológico un 50% menos de precipitaciones que el año pasado, que ya pudo considerarse seco. «¿Qué tiene que ver que llueva en Oviedo con que lo haga aquí?», razona el gerente de la concesionaria, Alfonso Tomás.

«La sequía»», dice el alcalde, que «no se ha notado», que hay otras alternativas (el bombeo de Palomar y comprar agua a Cadasa, básicamente), pero le precisa la concejala de Aguas, Ana Rivas, que ha tenido que reducir riegos, baldeos y hacer equilibrios, que notar se ha notado, «donde no se ha notado es en los domicilios».

El túnel fue construido, como el resto de la conducción de este tramo, en los años cincuenta del siglo pasado y en condiciones difíciles de creer, por duras, hoy en día. El canal hace casi diez kilómetros bajo tierra, en cuatro túneles que fueron excavados a mano entre lajas de pizarra y con los trabajadores viviendo en barracones en medio de la montaña. Los tramos más próximos a Oviedo son lógicamente más antiguos. El primer tramo hasta Riosa se completó en 1925 y enseguida quedó cortó y hubo que ir a buscar más agua a Quirós.

Partes se han renovado, otras están pendientes. La concejala del ramo, Ana Rivas, dice que este año toca meterse con los depósitos de agua, con los nuevos, pendientes de entrar en servicio desde hace catorce años, y con los viejos que se están 'cayendo'. Unos se renovarán, casos del Picayón o Trubia; otros serán construidos nuevos.

Toca hablar de escasez de lluvias y nieves, del personal (siete trabajadores) que vigilan los 73 kilómetros del canal y los más de noventa de conducciones... La vuelta en bus tiene aroma de excursión escolar.

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