Rosa Fernández: «Mi montaña más dura fue el cáncer, pero lo puedo contar»

Fernández y Alcoba, en el Espacio Circus, ante el público. / PABLO LORENZANA

La alpinista rememora los momentos más difíciles de su carrera en una charla junto a Jesús Alcoba, que relató la expedición de Shackelton

D. LUMBRERAS OVIEDO.

Venía a departir sobre el éxito y el liderazgo en el Espacio Circus, y la alpinista canguesa Rosa Fernández dejó claro ayer cuál fue su más grande expedición: «Mi montaña más dura fue el cáncer pero lo he superado, estoy aquí y lo puedo contar». Recordó cómo aquella enfermedad la obligó, en 2009, a abandonar y se le «fue todo el garete». «Pensé: no puedo renunciar a esto, tengo que seguir adelante. Fueron dos años muy duros pero en 2011 pude ascender dos montañas y superar el cáncer».

Jesús Alcoba, ovetense doctor en Psicología y director de una escuela de negocios, por su parte, se encargó de relatar la fallida expedición del irlandés Ernest Shackelton para atravesar a pie la Antártida, 2.900 kilómetros. Con fotos históricas y de su propio viaje al lugar de los hechos, relató el calvario que pasaron el irlandés y sus acompañantes entre 1914 y 1916, «la proeza de superación más grande que he conocido».

Shackelton no llegó a la Antártida porque su barco quedó atrapado en el hielo. Esperaron durante meses, de diciembre hasta octubre de 1915. Alcoba razonó que «no hubo conflictos» gracias al liderazgo magnético del irlandés. En todo ese tiempo su barco, que «era toda su vida», el 'Endurance', se fue moviendo y el hielo lo destrozó. Los aventureros lograron escapar en botes salvavidas por las aguas heladas (medio grado) hasta la Isla Elefante, donde «no hay apenas nada». Shackelton continuó con otros cinco compañeros hasta la Isla Georgia, donde llegaron tras 17 días de expedición. Al lado sin civilizar. Lo cruza en 36 horas, hazaña no igualada, y vuelve a por quienes dejó atrás tras cuatro intentos.

«Todos deberíamos ser como Shackelton», valoró Fernández, llamando a superar los «muchos altibajos que hay en la montaña y en la vida». Comparó la expedición por la Antártida con la suya al Everest en 2003, que no pudo completar y debió realizar dos años después.

La deportista se presentó allí por libre y sin botella de oxígeno, por lo que no podía alcanzar la cumbre en el primer día. Tuvo que bajar para comprar una botella por 1.400 dólares. Al volver, ella y su sherpa se encontraron a un conocido «con un edema enorme que se estaba muriendo». Le cedieron el gas vital y Rosa trató de llegar a la cima, pero su acompañante le advirtió: «Es muy fácil que llegues, pero muy fácil que no regreses nunca». Con toda la rabia del mundo, abandonó.

Más de un centenar de personas siguieron el encuentro con mucha atención y dejando escapar alguna risa. Abrió la temporada de eventos en la sala, que sigue el miércoles a las 20 horas con la charla '¿Qué es lo que de verdad importa?', a cargo de María Franco y Carolina Barrantes, de la Fundación Lo que de Verdad Importa.

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