Rostros con ilusión y muchos deseos

Expectación durante la espera pero sin agobios en las puertas del Campoamor. / MARIO ROJAS
Expectación durante la espera pero sin agobios en las puertas del Campoamor. / MARIO ROJAS

Sus Majestades reciben a cientos de niños ovetenses en el Campoamor

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

«Nos hemos portado muy bien todo el año y seguro que los Reyes Magos nos van a traer todo lo que les hemos pedido». En resumidas cuentas ese era el sentir de todos los niños ovetenses que ayer, desde antes de las 11 de la mañana, aguardaban a las puertas del Teatro Campoamor para tener una audiencia con Melchor, Gaspar y Baltasar, quienes, por su parte, aguardaban en el vestíbulo, con casi tanta ilusión como los pequeños.

Sin agobios, pero en un constante goteo de caras expectantes, ojos y oídos bien abiertos para escuchar todo lo que los Reyes Magos les decían, los niños ovetenses guardaron pacientemente la espera de la mano de sus familiares. Querían asegurarse in situ de que la magia funciona mientras dure la ilusión y que esta mueve montañas.

La pequeña Lara Cereceda, en brazos de su madre, lo tenía muy claro, ella había pedido una «cesta de conejitos y la casa de las muñecas barriguitas» a su vera, los hermanos Jimena y Pelayo Álvarez asentían al ser preguntados. «Claro que nos hemos portado bien y van a venir los Reyes». Hoy estarán jugando con «los peinados locos» y el «parchís de Santoro» y lo que a bien hayan tenido en discurrir los ayudantes de Sus Majestades.

Más mayor y resuelto se mostró Álvaro Sere Mone. «Quiero el videojuego Lego Dimensions para la consola PS3». Otros dos hermanos, Shamara y Junior Velasques también sabían qué recordarle a su favorito, Baltasar, «el juego ¡Cuidado no asustes a la abuela», ella; él, un Posrche 911 de Playmobil. Los hay con clase.

Martín F. Trisán llevaba un coche en la mano pero quiere otro. «Uno del que se abran las puertas de delante, las puertas de atrás y el maletero». Su hermano Mateo, «el Fifa 18 para la Nintendo switch». Mario Suárez recalcó que esperaba «todo lo de los muñecos yokai» y María, un «carrito de muñecas». «Claro que nos hemos portado bien».

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