«¿Cómo no voy a saber lo que es una gripe si crié a diez hijos?»

Los acusados en el banquillo momentos antes del comienzo de la vista oral. / PABLO LORENZANA
Los acusados en el banquillo momentos antes del comienzo de la vista oral. / PABLO LORENZANA

Los médicos acusados de homicidio imprudente por la muerte de un hombre en 2014 afirman que actuaron conforme al «protocolo establecido»

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

El 15 de enero de 2014 llovía a mares en Oviedo. Cerca de las nueve de la noche, una señora salió de su casa en La Argañosa, «en zapatillas y sin paraguas», «hecha un desastre», -según una testigo que la vio y testificó en el juicio- para comprar jarabe contra la tos en una farmacia de la calle Uría. En vano, trataba de mejorar la salud de su hijo, postrado en cama con un diagnóstico de gripe. Pero algo no marchaba bien.

La mujer acababa de colgar el teléfono a la segunda de los médicos acusados de homicidio imprudente por la muerte de su hijo y para los que el fiscal pide cuatro años de prisión, seis de inhabilitación y una indemnización de 100.000 euros. Horas después el joven ingresaría en el HUCA, donde alargaría su agonía hasta el 10 de febrero, cuando murió a consecuencia de complicaciones derivadas de la enfermedad.

La médica, E. N. B., habló con la madre después de que esta llamara al 112 solicitando ayuda. La conexión con el centro sanitario de Pumarín se estableció a las 19.45. Faltaban quince minutos para que acabara su turno y la doctora llegaba de otra atención domiciliaria.

Era su primer día en ese ambulatorio y ni siquiera, sostuvo la facultativa en la vista oral que se celebró ayer, le funcionaba la clave para acceder al sistema informático. Por eso no quedó registro escrito de su diagnosis.

Afirmó, no obstante, que se ofreció a ir al domicilio del enfermo -extremo que la madre negó en su testimonio- y que una gripe A o B se tratan igual con la salvedad de que «se estaba complicando y que por eso», añadió, «le recomendé ir al hospital». La médico negó, por un lado, que en la conversación con la mujer esta se hubiera referido a «tos con sangre» y, por otro, que ella hubiera recetado el jarabe antitusivo. «Nunca receto ese medicamento», murmuró.

En el HUCA, el enfermo entró con el virus de la gripe A-H1N1, «la única cepa activa desde la pandemia de 2009», sostuvieron los galenos, al afirmar que actuaron «bajo el protocolo establecido» en 2010. También presentó un cuadro de neumonía. Entre una y otra enfermedad, la madre refirió síntomas de «tos con sangre, mareos, cambios de color en la piel y fiebre alta».

El modo de actuar de los médicos de Atención Primaria y los de Urgencias fue muy distinto, ya que los segundos lo sedaron e intubaron de inmediato y le dijeron a la madre, según su testimonio, «que se despidiera de su hijo» que «estaba muy grave». No lo pudo hacer.

Horas previas al ingreso

A las nueve de la mañana de ese día, la mujer ya había intentado que alguien moviera un dedo por el hombre de 36 años. Ella no podía desplazarse y optó por contactar con el centro de salud de La Lila. Al otro lado de su primera llamada se encontraba J. A. C. El doctor no se despegó un ápice del diagnóstico que tres días antes había hecho otra médico, la única que llegó a auscultarlo, y que ayer declaró como testigo tras su desimputación del caso.

«No podemos radiar a todo el mundo» explicó el acusado. «En una consulta no hay tiempo para nada», añadió ante la magistrada indicando que, telefónicamente, «todos los pacientes dicen que están mal». Entre lo que le contó la madre -también negó referencias a mareos y tos con sangre, «son síntomas que se recuerdan», dijo- y la historia clínica de la primera exploración, para él, aquello era una gripe corriente que se curaba con «paracetamol e ibuprofeno».

Asimismo, recomendó a la señora que si el estado de salud de su hijo empeoraba, fuera a la consulta para hacer pruebas. «Señora, ¿no sabe lo que es una gripe?», le preguntó. «¿Cómo no lo voy a saber si crié a diez hijos?», sollozó la mujer.

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