Oviedo desafía a la lluvia en los chiringuitos de San Mateo

El Pinón Folixa de bote en bote. Bajo su carpa se buscó refugio y se destiló buen ambiente./
El Pinón Folixa de bote en bote. Bajo su carpa se buscó refugio y se destiló buen ambiente.

Los ovetenses, de barra en barra, llenaron los chiringuitos desde primera hora | Las casetas de los hosteleros en el Bombé sí sufrieron por el mal tiempo una merma en la afluencia de público en el arranque de las fiestas

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

A las 20.20 horas sonó el chupinazo en la plaza del Ayuntamiento y en la de Porlier se desató la fiesta. Pese a la lluvia, los chiringuitos mateínos debutaron antes de hora. Tanto, que el Pinón Folixa cobró la primera consumición de este San Mateo 2017 con un billete de 50 euros y casi se queda sin cambio.

En el Rincón Cubano no hubo sorpresas. Mientras Sid Lowe glosaba las virtudes del Real Oviedo ya había colas para tomar mojitos. Ana Arlandis, Inés González y Paula Carneiro brindaron por unas felices fiestas. En esto, llegó una improvisada charanga con miembros de uno de los nuevos tinglados, La Folixaria, junto con representantes de la Plataforma Feminista. Igual por eso de ir de gira, a los de la Corrada del Obispo, tanto a los médicos como a la asociación de vecinos de La Florida, les costó llamar la atención del público, que prefirió ir a tiro fijo.

A la hora de la cena la lluvia arreciaba. Mientras los paraguas sustituían a las personas en el recuento, en La Guinda las conversaciones recordaban 'San Mateos' pasados, más jóvenes. «Yo vi a Slash», pareció que decía uno a su compañero de barra.

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Cruzando la plaza, en el chiringuito azul de la Aparo, uno de los más concurridos, hubo representación consistorial. Los peñistas azules tuvieron hasta la ocurrencia de que el pregonero tirara una caña. Una pinta, perdón. A los más, la sonrisa del derbi todavía les duraba. Los que lo vieron en el campo afirmaron que fue «una pasada» mientras apuraban, trago largo, sus bebidas.

La lluvia no dio tregua en el arranque de San Mateo aunque luego calmó. Donde peor lo pasaron fue en el paseo del Bombé. Los pocos valientes que eligieron esta opción se pegaban a las casetas para guarnecerse bajo las viseras. Tras la barra, los hosteleros miraban al cielo con preocupación pidiendo «que no caiga así toda la semana, por favor».

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