Sanz Montes: «No queremos espantar a los turistas, hay que acogerlos»

El arzobispo Jesús Sanz Montes, con báculo y junto a otros sacerdotes, en la misa./
El arzobispo Jesús Sanz Montes, con báculo y junto a otros sacerdotes, en la misa.

El arzobispo llama a tratar bien a los visitantes en la misa del patrón de Oviedo, en la que cientos de fieles fueron a por laurel bendito

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Era la festividad de San Salvador, patrono de Oviedo -y no San Mateo, como a veces se dice-, pero también es un verano de candente actualidad. Tres días después de que un lateral de la iglesia de San Isidoro se afease con la pintada 'Tourist go home' ('Turista, vete a casa') y en medio de una polémica nacional por otros ataques, el arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, quiso mandar un mensaje de cariño a los visitantes. «El testimonio unánime de cuantos nos visitan es 'venimos por el idioma y la cultura, el clima, gentes hospitalarias'. No queremos, al menos nosotros, espantarlos. Acojámoslos con la ternura propia del pueblo asturiano», arengó el mitrado, acompañado de escasos canónigos.

La fiesta del Salvador evoca la Transfiguración, un pasaje del Evangelio (se leyó el de San Mateo) en el que Cristo se lleva a Pedro, Santiago y Juan a un altozano de Galilea y allí se les muestra en todo su esplendor y una voz desde una nube, como en el cine de romanos de antes, dice: «Este es mi hijo amado».

Sanz Montes revivió su propia visita al monte Tabor: «Siempre me conmueve otear allí lo que Jesús y sus más allegados pudieron contemplar». Este remanso de paz, recordó, no debe ser el objetivo final en la vida, pues hay que enfrentarse también a la adversidad y «ser cristiano no desgrava ante ningún impuesto, no nos libra de ningún pesar».

A Venezuela

El mitrado quiso enviar «un recuerdo especial al pueblo hermano de Venezuela, para que la luz de la Transfiguración ilumine a quienes pueden dar paz y que quienes están resistiendo no pierdan la esperanza». Lo hizo al mismo tiempo que se conocía un levantamiento militar en el estado de Carabobo, en Valencia, la segunda ciudad más importante del país.

La nave central del templo se llenó con más de trescientas personas. Entre ellos, los concejales del PP Gerardo Antuña, Fernando Fernández-Ladreda y María Ablanedo. Terminada la misa, numerosos fieles acudieron a los pies de la imagen de San Salvador (de madera policromada, probablemente del siglo XII y que presidía la antigua capilla románica) coronada de laureles. Tras la bendición del obispo, muchos se los llevaron a sus casas siguiendo la tradición, la cual dice que protegen contra las tormentas.

Muchos eran veteranos, pero también algunos jóvenes, como Rebeca Menéndez: «Oviedo son tradiciones, tienes que estar siempre al lado de nuestra historia y este domingo como cada año acudimos a la misa llenos de paz». «Es una tradición que muestra la ambición de los ovetenses, que tenemos como patrón a Dios y no a cualquier santín, y su inicua, porque nadie sabe que es el patrón de la ciudad», comentó otro feligrés, más iconoclasta.

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