La comunidad gitana de Oviedo: estudiar para conservar la esencia

Actividad en la oficina de Secretariado Gitano./MARIO ROJAS
Actividad en la oficina de Secretariado Gitano. / MARIO ROJAS

La comunidad gitana afronta los retos del siglo XXI con la formación como prioridad | La Fundación Secretariado Gitano trabaja para mejorarla inserción laboral de colectivos en riesgode exclusión

JUAN CARLOS ABADOVIEDO.

En 1991, el año en el que se publicó el primer mapa de vivienda sobre la población gitana en Asturias, el 65% de los hogares romaníes se asentaban en chabolas o barracones. En la actualidad, el 93% reside en vivienda normalizada. La evolución ha sido notable. Pero el avance significa cambio y afrontar retos a largo plazo. En Oviedo no hay ya, desde el derribo de La Malata en 2016, ‘ciudad de los gitanos’ como la del Romance a la Guarda Civil. Federico García Lorca acertó, además, con el último verso: ‘Que te busquen en mi frente /juego de luna y arena’. Porque erradicado el chabolismo y con los poblados de transición de Piedramuelle y El Cascayu en proceso de realojo, el futuro de la comunidad romaní en Oviedo tiene que ver con los estudios.

Uno de los principales problemas a que se enfrenta la comunidad gitana en Oviedo es el abandono temprano de la escuela y, derivado de este, la difícil inserción en el mercado laboral. Desde el año 2000, la Fundación Secretariado Gitano, organización sin ánimo de lucro, implementa el programa Acceder que «enmarca acciones relacionadas con la mejora de la empleabilidad de personas gitanas y no gitanas», explica la coordinadora de la fundación en la capital del Principado, Eva Rodríguez.

Bajo este paraguas, el año pasado atendieron a 383 personas, 102 de ellas se formaron en al menos uno de los 160 itinerarios profesionales que ofrecen y de todas ellas, registraron 86 inserciones laborales. Asimismo, también luchan porque gitanos que abandonaron la ESO, retomen los estudios para que, al menos, cuenten con el graduado escolar a la hora de afrontar las visicitudes de la vida cotidiana. «Personas con graduado en Secundaria no hay demasiadas y existen diferencias entre localidades, Oviedo es de las que más tiene. De ahí, para abajo».

Claves del programa Acceder

Objetivo.
Acceder es un programa de intermediación laboral que surge con el objetivo de conseguir la incorporación efectiva de la población gitana al empleo desde el año 2003.
Las cifras en Oviedo.
Durante 2017 atendieron a 383 personas, 102 pasaron por los itinerarios de formación y 83 de todas ellas lograron entrar a trabajar a lo largo del año.
Empresas que colaboran.
XLacera, IKEA, Serunion, Crivencar, Kiabi, Bricomart, Bricodepot, Grupo ELE Formación, Escuela Europea de Maquinaria, Eulen Flexiplan, OTEA, Fundación Nortempo, Quality&Amp y Health Consulting.

Con la crisis económica que arrancó en 2008, y el paro sobrevenido de ella, los colectivos menos preparados para afrontarla lo notaron antes y en mayor medida. «En 2010 se notó porque son los colectivos menos preparados laboralemente. Ahora se está reactivando la contratación y nosotros vamos de la mano de las empresas, con las que colaboramos. Es un reto para todos. Para las empresas y para la comunidad gitana, que tiene que darle valor a la formación para lograr una vida digna con cabida en el mercado laboral», explica la responsable. Añade que desde hace años buscan que tras la formación, las empresas se comprometan a estudiar la contratación de los estudiantes.

Esa misma manera de entender el problema que supone el abandono escolar en un mundo cada vez más tecnificado y competitivo la corrobora uno de los estudiantes en proceso de retomar y finalizar la ESO, además de formarse en varias competencias profesionales. Borja Salguero Salazar es un joven de 23 años, casado y con una hija, que afirma que «la comunidad gitana tiene que cambiar el concepto con respecto a los jóvenes. No podemos depender de un salario social que te da el Gobierno. Tenemos que abrir los ojos y formarnos para sentirnos realizados, tener valores y tirar para adelante como uno más».

Repasando papeles.
Repasando papeles. / Mario Rojas

«De aquí a cinco años soy realista», relata. «Me veo haciendo lo que estoy estudiando ahora, formándome en seguridad y control de accesos o en el sector comercial, porque tengo experiencia en venta ambulante y es algo que me gusta». Agradecido con el trabajo de Secretariado Gitano a la hora de animarle a retomar los estudios, también explica que «no voy a parar de estudiar. Creía que se me daba mal, pero no es cierto, y espero acabar la ESO pronto. Hay días que desde las seis que me levanto a las siete que voy en tren a Gijón, y vuelvo a las cinco y me pongo a estudiar. Lo hago todo del tirón sin ni siquera parar a comer», abunda.

A su lado, Ramón Escudero, de 22 años, relata cómo funcionan por dentro los programas ‘Aprender Trabajando’, uno de los modelos formativos, en el que «el primer mes aprendimos competencias clave como lengua o matemáticas o aprender a sentarse y hablar para afrontar una entrevista de trabajo». Escudero fue uno de los elegidos de uno de los itinerarios de formación del año pasado que accedió a trabajar en una empresa. «Nos eligieron a ocho para Brico Depot y a otros ocho para IKEA. Yo fui de estos últimos y me encantó. Fue una experiencia en la que hice amigos, conté con el apoyo de la empresa y al acabar la formación me contrataron para un programa internacional para trabajar reformando un área», explica. El trasfondo de Escudero es el de muchos jóvenes gitanos, que tras dejar los estudios tienen que recuperar líneas en currículum a marchas forzadas mientras demuestran que vale para electricista o como manipulador de alimentos.

Desde Europa del Este

La fundación asimismo, se encarga de ayudar de manera integral, primero, y a la inserción laboral, después, a gitanos venidos de la Europa del Este. «Uno de los primeros problemas que tienen al llegar es el idioma», explica Rodríguez, y corrobora Robert Popescu, un emigrante que llegó a Oviedo hace siete años, que recalca que «no sabía hablar nada y aparte de la formación, me saqué el carné de conductor de autobús, de operador de carretilla y me enseñaron castellano. Aprendí a presentarme en las empresas, nos abrieron las puertas y en las compañías en las que he trabajado he estado encantado», añade.

Las dificultades que encuentran a la hora de recuperar el tiempo perdido tienen que ver con que «adquieren responsabilidades familiares muy jóvenes». No todos pueden afrontar cursos de 1.000 horas y, además, desde la fundación tienen que escudriñar un mercado cambiante para ofertar formación que tenga necesidad de trabajadores. De hecho, el próximo programa se llamará ‘Formatéate con garantía’. «Es un programa de 300 horas y se impartirán nociones de inteligencia emocional, porque nos hemos dado cuenta de que pueden ayudar, así como competencias digitales», explica Rodríguez, que avanza que se impartirá en La Corredoria.

Para seguir desterrando tópicos, Rodríguez explica que «cuando comenzamos era muy difícil montar un grupo de chicas, pero en los últimos años las mujeres son las que mayor tasa de éxito tienen. Los chicos abandonan más los cursos. Además, de los que llegan a la Universidad son mayoría». Para seguir aumentando ese número de universitarios, la comunidad gitana tiene que seguir luchando: «Tienen que darse cuenta de que por estudiar y formarse no dejan de ser gitanos».

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