La seguridad de la zona rural, en manos de 45 agentes

La seguridad de la zona rural, en manos de 45 agentes

Los robos ocupan el 50% de las actuaciones fuera del núcleo urbano donde la zona más «insegura» es la de Tudela Veguín y Olloniego

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

La seguridad de la zona rural del municipio de Oviedo depende del trabajo de cuarenta y cinco agentes de la Guardia Civil. Sus actuaciones se extienden a 150 localidades. Tres son los puestos o cuarteles que la Benemérita tiene asentados fuera del núcleo urbano de Oviedo capital: Tudela Veguín, Trubia y Soto de Ribera, este último compartido con la capital asturiana. Todos ellos forman parte de la denominada Compañía de Oviedo que comprende tres sectores: Oviedo, Trubia y Grado.

El pasado año, la Guardia Civil realizó un total de 1.000 actuaciones en la zona rural carbayona relacionadas con infracciones penales, administrativas, detenciones, auxilios sanitarios y auxilios mecánicos, esto es, ayuda en carretera.

El Instituto Armado comparte la demarcación del municipio con la Policía Nacional. «Es como un huevo frito. La Policía Nacional es la yema y la Guardia Civil somos la clara», así lo visualiza Juan Pedro Díaz Molina, capitán de la Guardia Civil y jefe de la Segunda Compañía de Oviedo. En cifras, esto equivale a que el Instituto Armado atiende a menos población, en cuanto a número de habitantes, pero a mayor extensión, es decir, se mueve por más terreno. Un total de 18.000 habitantes que abarcan una extensión de 164 kilómetros cuadrados. «Esto dificulta la vigilancia porque son poblaciones muy dispersas», apunta el capitán Molina.

Pero la vigilancia está y la presencia de la Guardia Civil en los núcleos rurales se traduce en cuarenta y cinco agentes destinados a estas zonas que abarcan una extensión de 230 kilómetros cuadrados. Una cifra que el capitán de la Compañía de Oviedo defiende porque «son suficientes» ya que los acuartelamientos «no los mantenemos ininterrumpidamente abiertos», explica. Lo que sí existe de forma continuada son las patrullas de la Guardia Civil. «Siempre hay permanente dos patrullas de servicio» en cada puesto. «Es suficiente porque el tiempo de reacción desde que se nos da el aviso hasta que solucionamos el problema es inferior a diez minutos», argumenta Fernández Molina.

Los delitos

Una de las reivindicaciones más demandadas por la población de la zona rural ovetense es contar con una mayor presencia de agentes de la Guardia Civil. Sucesos como el robo vivido en Olloniego, donde una banda organizada se llevó 180.000 euros el pasado 6 de noviembre, avivó esa demanda. Los vecinos volvieron a reclamar la reposición del antiguo cuartel de la Guardia Civil en Olloniego. Respecto a esta petición, el jefe de la Segunda Compañía de Oviedo incide en un hecho destacable: la seguridad subjetiva. «La gente piensa que si hay un cuartel y una bandera nadie va a ir a robar, pero esto no es así. Estamos, aunque no se nos vea», señala el capitán. «Nuestra labor de vigilancia es más eficaz por la noche, cuando menos se nos ve, ahí estamos».

Los delitos más reincidentes en los núcleos rurales del municipio tienen que ver, precisamente, con la seguridad ciudadana. «El 50% de los delitos son robos, no importantes en la mayoría de los casos, pero robos», señala el capitán. Le siguen por detrás los relacionados con trifulcas y peleas, delitos de violencia de género, daños a vehículos y los vinculados a tráfico y seguridad vial.

Con todo, desde la Guardia Civil afirman que la zona rural ovetense «es segura» porque los delitos cometidos en estos núcleos «son muy inferiores a la media nacional» y el índice de esclarecimiento de infracciones penales por parte del Instituto Armado supera el 50%.

Aún así, la zona rural del municipio sí tiene un foco caliente en cuanto a inseguridad ciudadana. El capitán Fernández Molina la ubica en las localidades de Tudela Veguín y Olloniego. «En estas zonas se concentran la mayor parte de los robos que están vinculados a gente marginal. No son importantes pero crean una sensación de inseguridad entre los vecinos», reconoce. Dos condicionantes inciden sobre esa percepción de falta de seguridad. Por un lado los asentamientos de gente conflictiva con problemas de drogodependencias, como el ubicado en la barriada de San Roque, en Tudela Veguín, y la elevada edad de la población de estas zonas que se convierten en carne de cañón para los asaltantes.

Por contra, la más segura es Trubia. El puesto de la Benemérita de la localidad cañonera es «tranquilo», así lo define el sargento primero Mario Domínguez. «La mayor parte de nuestras actuaciones tienen que ver con temas civiles. Problemas entre vecinos relacionados con ganado, lindes o riñas».

Para ilustrar estos datos, el sargento Domínguez señala que este año la actuación «más importante» llevada a cabo por los agentes de Trubia fue la detención de tres individuos a los que se les incautó en su vehículo material robado de una obra en Las Cuestas.

Violencia de género

Sin embargo hay un dato que hace saltar las estadísticas: «El 70% de los detenidos en Trubia lo son por delitos de violencia de género», enfatiza Domínguez. Un elevado porcentaje que se justifica porque las actuaciones de la Guardia Civil trubieca se extienden a otros municipios fuera de Oviedo, como son, Santo Adriano o Proaza.

El cuartel de Tudela Veguín es el único de los puestos con vivienda habilitada para los agentes con los que cuenta la Guardia Civil en la zona rural del municipio de Oviedo . En él residen tres familias. Fuera del municipio, también cuentan con vivienda el de Soto de Ribera, cedido por el Ayuntamiento, y el de Grado, que mantiene el diseño de la tradicional casa cuartel.

El acuartelamiento de Tudela-Anieves, como así se denomina, se retiró hace años, pero la presión vecinal logró que se volviese a reinstaurar hace doce. «La gente quiere vernos, que se sepa que estamos aquí», apunta Serafín González, sargento comandante del puesto veguinense. No es para menos si se tiene en cuenta que «somos los segundos con más infracciones penales, tras Grado» de la compañía, señala González.

Con todo, su labor va más allá de las propias de un agente de la Guardia Civil. «Somos más psicólogos que otra cosa», apunta el cabo Alfredo Campos. «Muchas veces la gente acude al cuartel a contarnos sus cosas, sin más, o que les ayudemos a leer papeles de los juzgados que no entienden», abunda el cabo.

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