«Nos sentimos engañados»

Artemio Suárez, Nieves García, Rita Gómez y Manuel Suárez, delante de una de las escasas farolas que funcionan en todo el pueblo./PABLO LORENZANA
Artemio Suárez, Nieves García, Rita Gómez y Manuel Suárez, delante de una de las escasas farolas que funcionan en todo el pueblo. / PABLO LORENZANA

Los vecinos de Perlín reclaman a los políticos mejores accesos, más alumbrado y telecomunicaciones, a falta de cobertura

DANIEL LUMBRERAS

A solo veinticinco minutos del centro de Oviedo en coche, situado entre altos y parajes bucólicos, se alza el pueblo de Perlín (Trubia), con 47 habitantes según el último padrón. Quizá no sean muchos, pero sí son aguerridos: están hartos de recibir visitas de políticos que no cumplen con lo prometido. Su malestar se resume en tres palabras: «Nos sentimos engañados».

Luis Alonso, el presidente de la asociación de vecinos, ilustra el abandono municipal que vive el pueblo ya en la carretera de entrada al mismo, una vía angosta que asciende desde detrás de la iglesia de Santa María de Trubia. «La cuneta no se limpia desde que entró el nuevo gobierno» denuncia mientras remueve la hojarasca que estrecha el camino.

En el ascenso, la vía se ha quedado tan estrecha por la maleza de tal manera que dos coches serían incapaces de cruzarse. En tal caso, expone Carlos González, vicepresidente de la asociación, hace falta «dar marcha atrás ciento cincuenta metros con una curva». A él le ha tocado alguna vez bajarse a ayudar a conductores inexpertos cuando se han encontrado con camiones en medio de una cuesta.

Los residentes de Perlín piden a las autoridades que se asfalte un acceso lleno de verde hasta la carretera general y que se realice una rotonda para facilitar la entrada y salida de vehículos. Aseguran que ya ha pasado por allí la concejala presidenta del distrito rural 1, Cristina Pontón, con una técnica municipal, y que esa sería la solución más viable. También han pasado por allí las ediles Ana Taboada y Andrea Álvarez. «Sabemos que no van a hacer una carretera, pero que nos hagan unos entrantes. Los propietarios de las fincas nos ceden el terreno que sea necesario, nos lo han dicho», resume González.

La segunda gran reivindicación de los vecinos es la mejora de las comunicaciones. Enseñan, airados, móviles en los que la señal está ausente. «Un vecino mayor cayó y pasó la noche fuera. Tenía el teléfono con él, pero no hay cobertura», recuerda González. Alonso completa que hace dos años, cuando se hicieron cargo de la asociación, les propusieron para los ancianos medallas de aviso a la Cruz Roja, pero sin cobertura, son inútiles.

Este problema también afecta a internet, que no llega a Perlín. Los trece niños del pueblo, que estudian en el colegio de Trubia, tienen que bajar hasta esta localidad para hacer deberes que necesiten conectarse a la red. «Tengo uno de 10 años. En el instituto será todo electrónico, no hay libros. ¿Tengo que marchar de aquí?», protesta González. Alonso se muestra dispuesto a facilitar terreno de su propiedad en el que se instale una torreta para llevar las telecomunicaciones al pueblo.

La tercera gran reivindicación de los vecinos es más alumbrado. De las pocas farolas que tienen, no funcionan todas. «Ya cayó una señora.El Ayuntamiento dijo que como el tendido era una línea recta no podía apagar una farola sí y la otra no, entonces lo apagaron todo», protesta Alonso.

«Llevamos cuatro años sin la luz pública, quitáronlas con los recortes. La asociación de vecinos está peleando por cuatro farolas. Arriba en Siones están funcionando y las demás nada», cuenta Nieves García, una de las vecinas afectadas por la oscuridad. La residente denuncia que se ven obligados a ingeniárselas: «Bajamos con linternas como hace cincuenta años».

Además, hay algunas casas que se están llenando de bichos, basura y desatención. Señalan una de la que se desconoce el propietario. También existe otra, con cuatro habitaciones, para la que los de Perlín tienen varias ideas, con la sola condición de quedarse con «una oficina para la asociación»: un albergue juvenil, un centro social para los mayores o una casa para mujeres maltratadas. Quieren que tenga uso. «Enviamos una carta al Ayuntamiento proponiendo la donación y estamos esperando la respuesta», informa el presidente vecinal.

«La única asociación que está haciendo algo es Fegea», una federación de entidades, afirma el dirigente vecinal, respaldado por varios miembros de la agrupación. Alonso cierra sus reivindicaciones con una metáfora reveladora: «A Cristina Pontón le ofrecí que si antes de septiembre había telecomunicaciones con Wi-Fi, que aquí había una celebración con corderada, y el cordero ya murió».

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