La sequía obliga ya a bombear el agua de Los Alfilorios, al 27% de su capacidad

El nivel del embalse de Los Alfilorios impide ya usar sus compuertas por lo que el Ayuntamiento tiene que bombear el agua para poder sacarla.
El nivel del embalse de Los Alfilorios impide ya usar sus compuertas por lo que el Ayuntamiento tiene que bombear el agua para poder sacarla. / J. C. ROMÁN

El Ayuntamiento aumenta la compra a Cadasa, hasta el 41% del consumo, y tira otro 8% del bombeo de Palomar

GONZALO DÍAZ-RUBÍN OVIEDO.

Cuando Máximo y Fromestano fundaron Oviedo, escogieron una colina a caballo entre los valles del Nalón y el Nora y con un dominio privilegiado sobre la llanura central asturiana. Lo que es bueno para las vistas no lo es para el abastecimiento de agua, un fluido imprescindible para la vida pero muy terco con el cumplimiento de la ley de la Gravedad. La heroica ciudad siempre ha tenido problemas con el agua. Dormiría la siesta, pero tenía sed. Solo la puesta en servicio, en varias etapas el siglo pasado, del canal del Aramo y, después, en los 80, del embalse de Los Alfilorios, garantizó un suministro adecuado, abundante y de calidad para la ciudad. Hasta ahora.

La mitad del agua que consumen hoy los ovetenses ya no procede de estas fuentes. La sequía ha llevado al Ayuntamiento a incrementar la compra de agua a Cadasa y a poner en marcha el bombeo de Palomar. Desde los embalses del alto Nalón, Tanes y Rioseco, llega ya el 41% del agua que consume la ciudad, confirmó ayer la concejala de Aguas, Ana Rivas; desde el acuífero bajo el cauce del Nalón a su paso por la localidad de Ribera de Arriba, el 8.

No son lo deseable. Al Consorcio de Aguas de Asturias hay que pagarle y el agua que ofrece no puede llegar a todas partes de la ciudad. Se suministra desde el depósito de Cuyences, en la ladera del Naranco y construido en el año 2000 para, precisamente, suplir las carencias en estiaje del sistema del canal del Aramo y Los Alfilorios. Lo malo es que se hizo a poco más de 308 metros sobre el nivel del mar y buena parte de la ciudad -Buenavista, El Cristo, El Campón o Fuertes Acevedo- superan o rozan esa cota y el agua es muy tozuda con la gravedad.

El problema de Palomar es otro. Económico. Poner en marcha las bombas, alimentadas con gasóleo, cuesta dinero. Tirar de ellas para sacar hasta 11.000 metros cúbicos al día es una factura onerosa, para un agua que, aún después de pasar por la nueva potabilizadora de Cabornio, no tiene la calidad de las anteriores.

No queda otra. Son las únicas medidas que puede tomar el Ayuntamiento ante la caída del nivel de Los Alfilorios, donde ayer ya se tuvo que poner en marcha el bombeo para sacar el agua del embalse, al quedar su nivel actual (27%) por debajo de las compuertas.

La gráfica que asusta

El problema actual ha llevado al Ayuntamiento a reducir el baldeo de las calles y el riego de las zonas verdes. «Andamos un poco justos con el riego, pero qué se le va a hacer», explicaba ayer un técnico del área que se ocupa de las zonas verdes del municipio.

La concejala de Aguas, Ana Rivas, garantizó la semana pasada que no habría restricciones, pero pidió a los vecinos un consumo responsable. Los usos domésticos suponen cerca de 12 millones de metros cúbicos de agua al año, frente a los menos de 3 del resto de usuarios del sistema.

Lo que preocupa, en realidad, es un gráfico. El embalse de Los Alfilorios almacena ahora menos de 2,5 hectómetros cúbicos de agua, el 27% de su capacidad máxima. La media de los últimos diez años en estas fechas es de más del doble, próxima a los siete hectómetros, según los datos del Ministerio de Medio Ambiente, que los ilustra con varias líneas de nivel: del actual y los dos años anteriores y la media de los diez últimos ejercicios.

La anomalía es de este año, «de este invierno y esta primavera», precisa Ana Rivas. Los Alfilorios, alimentado por el arroyo Barrea y los excedentes del canal del Aramo, sufre su estiaje particular a finales de año, con mínimos entre noviembre y diciembre. Es lo lógico en un sistema que se nutre, principalmente, de manantiales alimentados por la nieve que cae en las montañas de Quirós, el Aramo o Lena. Si no hay nieve, no hay deshielo. El nivel medio del embalse de febrero a mayo en la última década va de los 7 a los 9 hectómetros. Este año, sin embargo, no pasó de cinco y apenas mantuvo ese nivel hasta abril.

El gráfico anticipa problemas mayores para los próximos meses y más si se repite un otoño seco. Rivas anunció que su departamento ya estudio medidas para abastecer varios de los depósitos de la zona rural, que también están bajo mínimos. ¿Y si cada vez nieva menos como consecuencia del cambio climático?.

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