El Silicon Valley de la sanidad

Personal trabajando en los laboratorios y oficinas del vivero de Ciencias de la Salud, en Prado de La Vega, junto al nuevo hospital./Álex Piña
Personal trabajando en los laboratorios y oficinas del vivero de Ciencias de la Salud, en Prado de La Vega, junto al nuevo hospital. / Álex Piña

El vivero de Ciencias de la Salud impulsa y dinamiza el desarrollo de empresas biosanitarias | Las instalaciones, de 3.000 metros cuadrados, cuentan en la actualidad con seis empresas yen un «futuro próximo» se sumarán otras tres

Cecilia Pérez
CECILIA PÉREZ

Sobre los planos, el vivero de Ciencias de la Salud de Prado de La Vega dibuja una superficie de 3.000 metros cuadrados destinados a «favorecer las relaciones de las empresas con el sector biosanitario», explica su responsable, Belén Martínez. Esto es, un lugar para que las empresas dedicadas a la salud crezcan y se desarrollen.

Una inmensa incubadora de proyectos que convive con oficinas, laboratorios, despachos, una sala de reuniones, una recepción común y una cafetería que da mucha vida a un lugar, que precisamente por eso, por dar vida ha sido bautizado por las seis empresas que a día de hoy conforman las instalaciones como Vivarium. «Queríamos identificar el edificio con un nombre y Vivarium resultó el elegido porque esto es un lugar de vida», enfatiza su responsable.

En enero de 2016 las instalaciones pasaron a manos municipales. El Ayuntamiento decidió no renovar el convenio con el Centro Europeo de Empresas e Innovación (CEEI), del que dependía el centro, con el objetivo de ahorrarse «180.000 euros al año y la dinamización de un complejo que mantendrá su uso sanitario», expuso por aquel entonces el concejal de Economía, Rubén Rosón. Eso sí, parte de su financiación procede de los fondos de la Unión Europea con la condición de mantener su uso sanitario.

El vivero de Ciencias de la Salud cuenta en la actualidad con seis empresas asentadas en las instalaciones. «En un futuro próximo conateremos con otras tres más», avanza Belén Martínez. «Estoy entusiasmada con ellos, me siento encantada de la vida de estar a cargo de este vivero», apunta su responsable. Un optimismo que se palpa en el ambiente. No hay competencia entre empresas. Cada una juega su papel en la carrera biosanitaria y todas tienen su sitio en el vivarium. «Se les facilita todo lo que pueden necesitar, desde instalaciones, consultas, organización de jornadas... Nosotros les ayudamos en todo lo que puedan necesitar», apunta Martínez.

El primer requisito para que una empresa pueda instalarse en el vivero de Ciencias de la Salud es su condición, es decir, solo pueden optar empresas del sector biosanitario. Las de servicio quedan descartadas. «Tienen que estar relacionadas con la innovación, el estudio y la investigación, el diseño y el desarrollo de prodcutos relacionados con la salud», especifica Martínez.

Su estancia en el vivarium no es infinita, solo pueden permanecer hasta un máximo de cinco años. Eso sí, «si les va bien pueden volar antes», ríe la responsable de las instalaciones. El perfil es gente joven, con una media de 45 años, con «un talento excepcional».

Es el caso del equipo que conforma Dreamgenics. Esta empresa llegó al vivariun a finales de 2015 para desarrollar servicios y productos orientados tanto a los centros de salud, hospitales o clínicas, como a la investigación. El genoma humano es su espacialidad en lo que ellos llaman análisis genómicos bioinformáticos. Tras ese concepto tan técnico se esconde el trabajo de «trasnsformar la información y analizar la cadena de ADNde las personas. Lo que viene a ser una interpretación del genoma humano para estudiar determinados tipos de cegueras o sorderas. Un equipo que viene de la mano del Catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Oviedo, Carlos López Otín. «Formar parte del vivero de Ciencias de la Salud es la catapulta para nuestros proyectos», señala Juan Ron, responsable de desarrollo de negocio de Dreamgenics.

Foto de familia de parte de los integrantes que conforman el vivero de Ciencias de la Salud, en el hall de las instalaciones.
Foto de familia de parte de los integrantes que conforman el vivero de Ciencias de la Salud, en el hall de las instalaciones. / Álex Piña

Una de las última empresas en instalarse en el vivarium ha sido Entrechem. Se dedica al desarrollo de nuevos fármacos contra el cáncer provenientes de bacterias modificadas genéticamente. «De momento estamos desarrollándolos en animales y nuestro objetivo es llegar a humanos», explica Francisco Morís, su director. Su proyecto va en la «estela del buen camino» ya que sus últimos estudios sobre fármacos contra la leucemia mieloide van en consonancia con un nuevo fármaco que se ha ganado el visto bueno de la comunidad médica y científica en Estados Unidos. De su estancia en el vivarium, Francisco Morís agradece la «independencia» que ha supuesto a la empresa mudarse a unas instalaciones fuera del espacio universitario. «Ha supuesto incrementar el espacio de que disponíamos en la Universidad y poder proyectar, así, nuestra imagen de empresa», apunta Morís. Eso sí, lanza el guante porque apunta que el vivero de Ciencias de la Salud se queda pequeño. «Aquí queda poco sitio, está todo el pescado vendido, y es una pena a sabiendas del déficit que hay en Asturias de espacios como este que ofrezcan laboratorios y no solo oficinas».

Una de las empresas con más trayectoria que recaló hace un año en el vivarium es Socinser. Dedicada a la ingeniería biomédica, encaja sus 22 años de trayectoria en las instalaciones de Prado de La Vega como «una reestructuración» tras las consecuencias de la crisis económica, apunta su director Manuel González, porque amoldarse a un nuevo escenario también es emprender y de eso en el Vivero de Ciencias de la Salud saben.

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