«La situación es de novela negra; si vendo dos libros a la semana es la monda»

Andrés Llavona, en la puerta de la librería. / PABLO LORENZANA
Andrés Llavona, en la puerta de la librería. / PABLO LORENZANA

Alberto Llavona, propietario de la librería La Palma: «Amazon te lo lleva a casa y a veces con un 5% de descuento. Entonces, ¿cómo se puede luchar contra eso»

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Se considera un «muerto que anda» más que un superviviente de la crisis que azota las librerías carbayonas. Alberto Llavona (Oviedo, 1946) lleva cuarenta años al pie de la librería La Palma, en la calle Ramón y Cajal. En los años noventa abrió una segunda, con el mismo nombre, en Rúa. Hoy sería impensable. Llavona es consciente de los malos tiempos. Asegura que no se venden libros, se «ha perdido el vicio» de la lectura y Amazon es un gigante contra el que no puede luchar ni el mismísimo Quijote.

-¿Cuánto tiempo lleva a pie de libro?

-Empecé en septiembre de 1977 tras una estancia en Londres. El ambiente en España era regular y, con otros dos amigos, decidimos irnos a Inglaterra. Allí me gustaron mucho los quioscos de libros repletos de cosas y paralelamente a eso, en mi condición particular, estaba que mi madre tenía una tienda en este local y se iba a jubilar. Así que pensé que podría poner algo parecido a lo de Londres aquí.

-Cuarenta años después aquí sigue

-Curiosamente todo lo importante de mi vida ocurrió aquí. Aquí 'me nacieron', aquí viví, aquí murieron mis padres y aquí estamos. Empecé con la venta de libros y periódicos.

-¿Recuerda cuál fue el primer libro que vendió?

-No, qué va (ríe), pero sí recuerdo algunos de los más vendidos.

-¿Cuáles eran?

-Una colección de narraciones cortas muy graciosas escritas por Woody Allen.

-Qué curioso. ¿Por qué Woody Allen tenía tan buena venta?

-Porque entonces era un director muy conocido, estaba de moda y sus relatos eran muy divertidos. Pero es más curioso aún que se vendiese muy bien 'Ulises' de James Joyce, y eso que era un ladrillo. También 'La Regenta' se vendía muy bien.

-¿Y ahora qué es lo que se vende?

-Ahora no se vende (risas).

-Ya que lo menciona y haciendo un símil... ¿qué género literario eligiría para definir la situación de las librerías de la ciudad?

-La novela negra. Porque hace años recuerdo vender una media de veinticinco libros al día. Era lo normal. Hoy si vendes 2,5 a la semana ya es la monda. Imagínate como estamos.

-Y eso sin contar con las librerías insignes que han cerrado sus puertas o están en ciernes. ¿Qué está pasando?

-Pasan varias cosas. Una, la existencia de internet y por tanto, del comercio por internet. Amazon que te lleva a casa un libro y a veces con un 5% de descuento. Entonces, ¿cómo se puede luchar contra eso?

-¿Se considera un superviviente?

-Me considero un muerto que anda (risas). La cosa está muy mal porque en la crisis puedes poner una fecha puntual pero esto es algo más. Coges el mapa de librerías y quioscos de Oviedo y si en 2008 había en una manzana ocho, hoy solo quedan dos. El que más aguanta es el que más beneficiado sale. Nosotros aguantamos gracias a una serie de clientes institucionales como la biblioteca pública, la Caja de Ahorros, la Consejería de Cultura, la Universidad y el Ayuntamiento, a los que proveíamos la prensa escrita. Eran nuestros bloques importantes, pero fueron decayendo a partir de 2012.

-¿Y ahora?

-De todos esos clientes institucionales, el Ayuntamiento es el único que mantenemos a través de un concurso subasta para proveer a las bibliotecas municipales y a los centros sociales. Esto es lo que nos permite sobrevivir pero este contrato finaliza en noviembre. Si se cae no es que haya que cerrar, es que la realidad nos cierra.

-¿Por dónde pasa la solución?

-Yo creo que no la hay porque hay otra cuestión: la capacidad de la sociedad de ocupar su tiempo libre en mil cosas. Hace años había gente que tenía como primera opción para ocupar su tiempo libre la literatura, pero hoy ya no hay lectores viciosos.

-Quizá sea que se ha dejado de leer en horizontal un libro para leer en vertical a través de un dispositivo electrónico.

-Internet, E-book, tableta... No compensa lo que se ha perdido con la letra impresa. Porque cuando salieron los libros electrónicos la gente aplaudió que en un mismo dispositivo cupiesen doscientos libros pero muchos lectores, por la propia inercia del hábito de la lectura, siguen diciendo eso de donde esté un buen libro. De hecho hay gente que los huele. Yo tenía un cliente que los esnifaba (risas).

-Entonces, ¿por qué hay menos lectores?

-Porque el tiempo que tenemos es muy limitado y si lo empleas en ver series de televisión no lo puedes emplear en leer.

-En breve se celebrará una nueva edición de LibrOviedo, la número 25. ¿Participa la librería La Palma?

-Sí.

-¿Qué aportan este tipo de ferias a las librerías?

-Yo nunca tuve mucho entusiasmo con ellas. Antes te dejaban organizar tu espacio a tu manera pero con cortapisas, no te dejaban libertad. Todo eso cambió desde que se hace cargo la Asociación de Libreros de Oviedo y se celebra en Trascorrales. Está mucho mejor pero no se vive de la feria.

-¿Qué libro está leyendo ahora mismo?

- 'Autobiografía de Federico Sánchez', de Jorge Semprún.

-¿Se atreve a recomendar una novela?

-Me dicen que está muy bien la última novela de Leonardo Padura, 'La transparencia del tiempo'.

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