Tertulias en la era de internet

Pedro Rodríguez Cortés se dirige a los presentes en el café Ópera, entre los que se encontraban Santos Muñoz, José María Navia-Osorio, Juan Pérez Zaldívar, Jaime Álvarez-Buylla o José Luis Felgueroso, entre otras personas. /  ALEX PIÑA
Pedro Rodríguez Cortés se dirige a los presentes en el café Ópera, entre los que se encontraban Santos Muñoz, José María Navia-Osorio, Juan Pérez Zaldívar, Jaime Álvarez-Buylla o José Luis Felgueroso, entre otras personas. / ALEX PIÑA

«Nuestra intención es reunirmos una vez al mes para hablar de un tema de actualidad candente de la ciudad», explican los responsables Amigos de Vetusta, Lancia y Pilares recupera la tradición oral de los viejos cafés

JUAN CARLOS ABAD OVIEDO.

«Hubo una tertulia de españoles en el WaldorfAstoria de Nueva York, pero la tuvieron que cambiar de sitio porque la Policía creyó que eran conspiradores», explicó ayer, de entre un nutrido ramillete de anécdotas, Pedro Rodríguez Cortés, acerca del hábito y la institución, del café y la tertulia en Oviedo en la primera de estas charlas que pretende recuperar la Asociación de Amigos de Vetusta, Lancia y Pilares, en el Ópera Café. Su intención, como explicó el presidente de la asociación, José María Navia-Osorio, es reunirse una vez al mes con un tema de actualidad de la ciudad sobre el que pivote la conversación.

Porque lo que les pasó a los españoles neoyorquinos, el hábito de sentarse a conversar en un lugar convenido, es eso, una tradición de aquí. Pero de antes. «Las prisas mataron a las tertulias; ahora hay charlas de taburete y barra de bar». Los cafés de divanes de pana y terciopelo, mesas de mármol y espejos, también se fueron, posiblemente en un seiscientos. El conferenciante dató en 1934, cuando en Madrid se instauró la primera cafetería americana, el principio del fin.

En Oviedo, las tradicionales tertulias de los cafés Madrid y París tuvieron continuación en la del Peñalba y la del Cervantes hasta que en 1962 dijeron adiós con el signo de los tiempos. «Estaban sectorizadas, la había de médicos, de funcionarios... La del Cervantes, que se llamaba Naranco, tenía un perfil netamente cultural y realizó una labor de difusión literaria importante», recordó Rodríguez Cortés.

«Nadie dialoga en España, sin embargo nadie para de hablar» «Las prisas mataron a las tertulias, ahora hay charlas de taburete y barra de bar» «Estaban sectorizadas, las había de médicos, de abogados o con intereses litararios »

La importancia -y rivalidad- de las tertulias venia dada por el fuste intelectual de sus miembros. El ponente destacó a Leopoldo Alas Clarín, Ramón Pérez de Ayala, Palacio Valdés y Melquíades Álvarez como los cuatro nombres sobre los que construir el discurso de la tradición tertuliana en Oviedo. Más avanzado el siglo, sin embargo, evocó la figura de Luis Riera Posada como gran tertuliano. Entre las virtudes del que fuera alcalde en la primera corporación de la democracia, afirmó Pérez Cortés, estaba la de «saber escuchar».

Porque las tertulias, pese a desaparecer de su hábitat secular, saltaron primero a la radio y luego a la televisión adquiriendo los tiempos y tono que dicta la pequeña pantalla. «Nadie dialoga en España, sin embargo nadie para de hablar», explicó Rodríguez Cortés que se decía en tiempos de la facilidad de interrumpir el discurso del rival.

En estas, el público se animó y lo que había sido una pequeña introducción tomó el cariz de una tertulia propiamente dicha. En los tiempos de los 'think tanks' (grupos de pensamiento), el 'know how' conocimiento práctico) o el 'networking' (red de contactos informales) y la velocidad del 4G y la inmediatez de Twitter; ayer, una treintena de ovetenses se sentó un café y se puso a hablar.

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