«A veces Trump dice verdades como puños»

Rafael Moreno./E. C.
Rafael Moreno. / E. C.
Rafael Moreno - Periodista, profesor y escritor

«En la guerra salieron de Asturias más o menos 30.000 niños. La repatriación fuemuy exitosa menosen México y la URSS»

DANIEL LUMBRERAS

Rafael Moreno (Madrid, 1960) es profesor de la Universidad Complutense. Acaba de sacar nuevo libro, ‘Los niños de Rusia. La verdadera historia de una operación retorno’, sobre el regreso de muchos españoles en 1956 y 1957.

Cuesta creer que el franquismo acogiera masivamente a repatriados de la Rusia comunista.

–En el momento en que se produce, al Gobierno de Franco le viene bien para mejorar la imagen del régimen. Son los 50, Franco busca la apertura internacional, España ingresa en la ONU y hay un acuerdo de bases con Estados Unidos. No puede mostrarse negativo con sus compatriotas. Por otra parte, lo obliga la propia URSS, porque el primer barco lo envía sin esperar una confirmación definitiva.

–¿Cuántos volvieron?

–Unos 2.600. No todos son niños, salieron alrededor de 1.600 y el resto ya mayores.

¿Había ovetenses entre ellos?

–Claro que sí. La mayoría de las salidas se producen desde Gijón y desde el País Vasco. Asturias tiene porcentajes importantes: 498 entre seis expediciones.

¿Qué se traían al volver?

–Los soviéticos no les permitían sacar más que unos pocos dólares al cambio oficial –tienen que vender todo lo que tienen allí– y objetos pequeños: cámaras, máquinas de coser, ropa, relojes, prismáticos... Cosas que pensaban que podían vender. Prácticamente cogen un par de maletas y dejan el resto de su vida allí. En las últimas expediciones algunos han aprendido y les permiten traer un coche.

¿Cómo se adaptaron a España?

–Hay de todo. Un grupo encuentra a sus familiares y logra tener un apoyo a nivel local; incluso en algunas provincias como Asturias, hubo un trabajo encomiable para encontrarles empleo y vivienda. En otros casos la familia ya no conecta, sus padres son gente mayor con problemas económicos y el rechazo es grande. Las mujeres tienen muchos problemas: han estado liberadas, fueron a la universidad y trabajaron. En Madrid la mujer es muy conservadora, tiene que pedir permiso al marido para ir al banco, con lo que hay problemas de adaptación. Algunas familias lo pasan mal porque tienen que admitir la presión de la Iglesia, casarse, volverse a bautizar. Las autoridades, cuando se interesaban por la adaptación, preguntaban a los párrocos. También hay autoridades que hablan con empresarios para decirles que sí los pueden contratar. Piensan: la URSS es el enemigo del régimen, ¿cómo va a contratar un rojo? Y la Policía manda cartas.

Hay muchos informes policiales en el libro.

–La parte más novedosa son los primeros interrogatorios a los retornados, que relatan su vida. No tenían documentación y van contando lo que les ha pasado en la URSS. Luego son reutilizados para los servicios de información, los vuelven a llamar. El Gobierno crea una comisión interministerial para la adaptación que se reproduce a nivel provincial. Hay representantes de trabajo, industria, la seguridad social... Van caso a caso con los problemas. El gobernador de Asturias hace una gran labor intentando ayudar.

¿Los recelos se deben a que la gente pensaba que podían ser espías del comunismo?

–Sí, para los servicios de información y de Policía su obligación era proteger al régimen, por lo que hay una gran preocupación por que se infiltren misiones del PCE o espías de la KGB. La Policía hace un seguimiento muy amplio, en algunos casos más de diez o quince años. La investigación demuestra que en un porcentaje estos miedos eran reales: tenían claves para reconocerse unos a otros y redes. Hay constancia de que en Asturias algún niño de la guerra colaboró con el PCE, luego fue detenido por la Brigada Político-Social y torturado. También hay documentos de varios identificados como espías, que normalmente lo eran a largo plazo, porque sabían que al principio iban a ser muy vigilados. Son importantes las bases americanas. España era clave en la defensa de europa.

¿Qué papel jugó la CIA?

–Tenía problemas para conocer qué pasaba dentro de la URSS: era un país muy cerrado –los extranjeros estaba prohibido que viajaran– y no tenían oficina en Moscú. Cuando hay rumores de que vienen niños, se ponen en contacto con Franco y solicitan interrogarlos a todos. Es la primera vez que preguntan a gente que han vivido como soviéticos; es una fuente valiosísima, no solo desde el punto vista militar, sino de la propia infraestructura del país. Llegó a haber más de 100 especialistas de la CIA en España.

¿El asunto originó conflictos diplomáticos?

–Con Estados Unidos, al revés: era el mayor valedor de Franco. Constan los agradecimientos y financiación: pagaba pisos y horas extras a los que tenían que ir a los interrogatorios. Hay un acuerdo táctico de todas las partes de que tiene que ser una buena historia. Algunos vuelven a la URSS y los utilizan propagandísticamente, pero no denuncian los interrogatorios aunque es probable que lo supieran. Kruchev quería dar otra imagen, le convenía imagen de aperturismo. El Gobierno de Franco da instrucciones a la prensa para que siga el retorno y nunca se reúne con estos niños, tampoco hubo interés en utilizarlos exageradamente.

Afirma que hay informes sin desclasificar. ¿Qué hay oculto aún?

–Todo lo relacionado con los interrogatorios sigue sin ser desclasificado. De la parte española ninguno y de EE. UU., casi ninguno. Los he solicitado pero la respuesta fue negativa. Los que hemos encontrados parece que están ahí por error. Queda mucho por conocer. Tampoco sabemos qué sabía Franco.

Fue corresponsal en EE. UU.

–Estuve con Efe muchos años y parte de la información la conseguí por estar allí. Los archivos americanos tienen un sistema más claro, funcionan mejor. El Departamento de Estado está abierto.

¿Qué le parece la era Trump?

–A todos nos sorprende, y eso que pensamos que ya lo hemos visto todo. Hay que entender que el mundo ha cambiado. Las imágenes de otros países están muy mediatizadas. Lo han elegido por sus ideas, aunque nos parezcan muy raras o una brutalidad. También dice verdades como puños, pero en la manera de dcirlas yo sería más moderado.

De Asturias escaparon niños a otros sitios, como Francia, pero no se habla tanto de ellos.

–Aproximadamente 30.000 niños a muchos países. En las guerras actuales se hace al revés, se retiene a los niños como escudo. La República opta por sacarlos de la guerra. Demostraba su capacidad de protegerlos. Franco se resiente, la comunidad internacional lo coloca en un mal papel y, así, crea una oficina dependiente de Falange con el objetivo de repatriarlos. Las labores fueron muy exitosas menos en México y la URSS: no había relaciones diplomáticas y la colonia de exiliados era muy potente.

¿Para cuándo un libro sobre la fábrica de armas de Trubia?

–Estaría bien. Requeriría mucho trabajo, la mayor parte de los archivos ya fueron agrupados en el Ministerio de Defensa.

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