El último San Mateo de la SOF

Una bailarina durante el desfile del Día de América del pasado San Mateo. /ÁLEX PIÑA
Una bailarina durante el desfile del Día de América del pasado San Mateo. / ÁLEX PIÑA

La entidad privada debe cumplir con la Ley de Racionalización de la Administración Local | Roberto Sánchez Ramos, presidente de la Sociedad Ovetense de Festejos, aboga por «municipalizar» la institución con 70 años de historia a su espalda

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

La Sociedad Ovetense de Festejos tiene los días contados. El modelo de esta asociación privada, tal como se conoce hoy, incumple la Ley de Racionalización de la Administración Local aprobada hace dos años por el gobierno central del Partido Popular. La norma impide que los ayuntamientos formalicen convenios con sociedades y obliga a establecer contratos públicos para garantizar la igualdad de oportunidades. El equipo de gobierno es consciente de ello. Este, el que arranca el viernes es el último San Mateo que organizará la SOF.

A principios de año, se encargó un informe al secretario municipal para abordar la situación. Dictaminó que el convenio de colaboración entre la entidad y el Ayuntamiento, que venía prorrogándose desde 1997, «no es conforme a derecho». El alcalde, Wenceslao López, aventuró a principios del mes de julio que «el año que viene las fiestas estarán gestionadas por un nuevo ente».

La pregunta recae ahora sobre cuál será el futuro de la Sociedad Ovetense de Festejos tras sus setenta años de historia. Su actual presidente, el concejal de Cultura Roberto Sánchez Ramos, confiesa que la entidad «camina condenada por unas leyes del Partido Popular, que la ponen en una situación difícil».

Dificultades que su actual presidente quiere transformar en oportunidades. «El modelo ideal es que las fiestas se sigan haciendo desde una perspectiva pública». El instrumento para ello, asegura Sánchez Ramos, es «municipalizar» la SOF salvaguardando los intereses de los trabajadores. «Cambiará el instrumento pero no los fines», sentecia el edil de Festejos.

Ese instrumento, la Sociedad Ovetense de Festejos, vio la luz en el año 1947. El café Alvabusto, situado en la calle San Francisco, reunió a Francisco Álvarez Rubio, Modesto Vallina, Rafael Mori y José Fernández Buelta, cuatro asiduos a las tertulias cafeteras que asentaron los cimientos de la entidad. El objetivo era crear una sociedad dedicada a la organización de las fiestas de San Mateo para «librar al Ayuntamiento del penosos trabajo y esfuerzo económico», como así recoge el libro 'SOF, medio siglo de tambor y gaita', de Adolfo Casaprima.

La primera reunión oficial de constitución se celebró el 23 de junio de 1948 en los salones de la Cámara de Comercio, que por aquel entonces estaba situada en la plaza de Riego. Pedro Miñor fue su primer presidente y tres mil eran los socios que la conformaron.

La consolidación

La Sociedad Ovetense de Festejos despegó a principios de la década de los cincuenta. En 1956 se municipalizaron sus cargos directivos bajo la presidencia de Eduardo Gómez. Lacazzete. Fueron los años del recinto de La Herradura en el Campo de San Francisco y sus bailes de pago. Eso sí, para justificar las subvenciones municipales que recibía se compensó con la proliferación de verbenas populares. En aquellos años la SOF también tuvo que hacer frente a sus primeras polémicas. Lo recuerda Antonio Masip. Su padre, Valentín Masip fue el alcalde que ordenó retirar los pases gratuitos que se otorgaban a algunos privilegiados a los bailes de La Herradura. «La SOF retiró los pases de favor y hubo una sublevación y todo», recuerda Masip. Años después, la historia lo situaría como el alcalde que renovó San Mateo con los chiringuitos.

Los ochenta

El modelo de las casetas se importó del País Vasco, de Bilbao para más señas. Fue una idea deFelipe Fernández, hoy consejero de Liberbank y en 1983 asesor de la SOF. La entonces presidenta de la sociedad, Covadonga Bertrand, apostó por el cambio y el alcalde, Antonio Masip lo ejecutó. «Fue un éxito de imaginación y voluntad», recuerda el exregidor.

Antonio Masip reconoce que el papel de la SOF en sus setenta años de historia ha sido «en líneas generales positivo». Respecto al cambio de modelo que se precipita sobre la entidad prefiere mantener la cautela. «Yo ya no estoy en la cocina, pero confío mucho en este Ayuntamiento», matiza el alcalde que ayudó a transformar las fiestas que arrancan el viernes un año más. El último, para la SOF.

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