Valentín Masip: héroe, alcalde y contradicción

José María Navia Osorio, Masip y Sofía Fernández-Peña.
José María Navia Osorio, Masip y Sofía Fernández-Peña. / P. L.

Antonio Masip recuerda la figura de su padre, que osciló entre la crítica al franquismo y el servicio público a la dictadura

D. LUMBRERAS OVIEDO.

«Mi padre era un ovetense hasta la médula». El exalcalde Antonio Masip (1983-1991) comenzó así su primera conferencia sobre el también regidor Valentín Masip (1957-1963), dictada en la sede del Real Instituto de Estudios Asturianos, Ridea.

En el acto, organizado por la Asociación de Amigos de Vetusta, Lancia y Pilares, Masip fue describiendo a un hombre que fue evolucionando a lo largo de su vida, con «carisma» y «bonhomía», pero también «una personalidad errática, diletante». En su biblioteca de abogado, que tenía como referencias a Ossorio y Gallardo y Jiménez de Asúa, se mezclaban los clásicos españoles con Faulkner, Camus o Sartre, y a las 'Obras completas' de Unamuno les faltaban las páginas condenadas por la Iglesia. Era un hombre que fue cambiando de pareceres.

Hijo de un catedrático de Matemáticas, Rogelio Masip, y de una descendiente de italianos, «nació en las Casas del Cuitu, en Uría, en marzo de 1918». Vivió su niñez y su adolescencia en medio de una «tensión fuerte», porque el ambiente estaba «totalmente politizado todo el siglo XX». Había continuos enfrentamientos entre republicanos y monárquicos. Sobre todo, a raíz de la Revolución del 34, explicó.

«Le preocupaba el agua. Después de cenar subíamos a ver los depósitos»

El ponente avanzó después hasta la guerra civil: «Mi padre se apunta a la columna Ladreda. Genera entusiasmo entre la juventud defender el cerco de Oviedo». Durante el conflicto, se convierte en un «héroe» y se acerca ideológicamente al bando que resultaría vencedor. De joven, embarca y se marcha a Cartagena en marzo de 1939 para barrer los últimos reductos republicanos, «el único error militar de Franco. En el puerto les zumbaron y mi padre sale por los aires. Se considera que había muerto». Pero el futuro alcalde logra llegar a la orilla nadando con un brazo y lo salvan sus enemigos: «Me contaba que en el hospital de guerra en Alicante veía la figura de Pinocho y debajo ponía 'el Generalísimo'».

En la Guerra Mundial, se alinea con los nazis. Sin embargo, al casarse, adopta una postura «más crítica». Vuelve a evolucionar. Escucha siempre Radio París y la BBC. Entre el anecdotario, su hijo recuerda cómo una vez, tras una lección política en el colegio de los Dominicos, llegó a casa pensando que Franco era bueno. Su madre le replicó entonces: «La opinión de esta casa es que es un mal gobernante».

Regidor

Cuando a Valentín Masip le ofrecen la Alcaldía la rechaza, pero terminó cediendo a las presiones del ministro del Interior, Camilo Alonso Vega. Pasa de la crítica al régimen a convertirse en un «entusiasta» suyo. Termina siendo amigo del ministro y está con él en Madrid cuando viene el presidente Eisenhower.

Como alcalde, fue «un entusiasta total de la ópera». También tuvo «una preocupación que yo heredé, el agua. Después de cenar subíamos a los depósitos, decía que iba 'a ver la bodega'. Le dolía que en agosto y septiembre hubiera restricciones». Y como representante de Oviedo llevó en 1961 al entonces Príncipe Juan Carlos a los toros en lugar de al Prerrománico, como le pedían muchas voces.

Antonio Masip no solo habló ayer de su padre, también tuvo palabras para su madre. Lamentó que no pudiera estar en el Ridea por la falta de una licencia municipal para instalar un elevador que le permita salir de su casa. Y entre lágrimas, finalizó pidiendo que «si el Ayuntamiento de Oviedo lo permite, cuando me muera, quiero ser enterrado junto a mi padre», en un sepulcro municipal en el El Salvador.

Al conferenciante lo presentó el presidente de la Asociación de Amigos de Vetusta, Lancia y Pilares, José María Navia-Osorio, que agradeció su presencia.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos