Vecinos y artistas piden al Ayuntamiento más esfuerzos contra las pintadas

Representantes vecinales y comerciales del distrito centro, frente a la castigada calle Canóniga. / A. PIÑA
Representantes vecinales y comerciales del distrito centro, frente a la castigada calle Canóniga. / A. PIÑA

Los grafiteros reclaman más apoyo a la cultura local y los residentes «un equipo continuo» contra un fenómeno persistente

DANIEL LUMBRERAS OVIEDO.

Dondequiera que vaya el caminante en la ciudad, es un ejercicio de agudeza visual no encontrar una pintada en una pared: un estudio universitario, recogido ayer en este diario, ha catalogado cerca de mil. Los ovetenses las detestan: degradan el entorno y hacen feo. Los grafiteros de 'verdad', también: quieren expresiones de mayor nivel. Y los dos colectivos, a veces tan alejados, coinciden en una misma petición: más apoyo municipal.

Junto al mural que pintó durante el festival Parees, en la plaza Hermanos Cantón de Montecerrao, conversa Marcos Fernández, 'Brus', presidente de Paint Pression, asociación ovetense que busca dignificar el grafiti como una expresión artística más. Aunque, pesimista, dice que «valoran más el grafiti en los pueblos que aquí», que es «la última mona del arte» y en Asturias no se puede vivir de ello está sobradamente formado: licenciatura en Bellas Artes, máster de profesorado y dos módulos.

'Brus' asegura que la pintada callejera va existir siempre, y solo se puede aspirar a reducirlo: «Si pones ubicaciones para que la gente que pinte no se comprometa con la Policía, igual disminuye el vandalismo el 50 %». Pintar una verja para que otro no venga luego con algo peor «funciona bien», pero le da «rabia» porque así «el valor estético te lo pasas por el forro».

Más información

Conoce bien el ambiente de la pintada, el 'bombing' lo llama, aunque lo dejó muy atrás para optar por ser «el mejor» en lugar de «el que más revienta». Es un mundo con «predominio masculino» y joven, «de entre 15 y 25 años». Unos se meten porque les gusta el grafiti y otros porque les gusta dibujar. Hay «rivalidades» y, aunque debería haber jerarquías por «chungo» o «ser el que más lleva», en la práctica reina la anarquía». Normalmente es una actividad en grupo, porque «necesitas oídos y orejas» para escapar. Con las firmas, los grafiteros quieren ser observados y reconocidos, ser «el que más tenga en todos lados».

Le escandaliza la cifra que va a gastar el Ayuntamiento en limpiar las pintadas de El Antiguo y reclama que se destine a «ofrecer trabajo a los jóvenes. «El esmalte sintético, si la pared es muy porosa, cuesta bastante quitarlo, pero 60.000 euros los cuesta una Capilla Sixtina Nueva», afirma. «Nos pagaron una mierda» en Parees, festival con el que es muy crítico. «No hacemos más cosas en Oviedo porque no nos llaman. Apoyo, poquito», lamenta.

«Desconsolados»

Ana Balbín, vicepresidenta del distrito 1, el centro, el más castigado por las pintadas, resume el sentir de quienes viven allí: «La visita es desoladora. Estamos desconsolados. Las pintadas no solo están en las fachadas, también en los comercios y en las viviendas. Esto se degradó a consecuencia de un ocio nocturno mal entendido y fue campo del vandalismo salvaje».

«Pocos cascos históricos hay como este, los guías se detienen en Cimadevilla», lamenta Balbín. Junto a ella. Gonzalo Otero, de la Asociación de Longoria Carbajal, reseña que «en cualquier calle hay gente, pero aquí en Canóniga por la tarde, nada».

De la avenida de Galicia, pero concienciado también, es Juan García Iglesias. Apoya la teoría de los universitarios de Geografía de que las pintadas generan un círculo vicioso: «Vas andando, ves dos colillas y tiras otra». «El Ayuntamiento va a quitar las pintadas y pintarán encima, tienen que poner un equipo continuo. Y dar locales, concursos. Hay murales dignos», opina.

«Diez años» lleva peleando con esta problemática el presidente de la Asociación de Vecinos del Oviedo Antiguo, Juan García Alonso. Él aboga por acabar con los grafiteros obligándolos a borrar lo que ensucien. También, que haya más videovigilancia. No es favorable a los serenos que quiere implantar el Consistorio, pues sería «privatizar la policía». Sí apoya «que vuelva la policía de bario. El agente que teníamos conocía esto a la perfección».

No solo de las pintadas se preocupan los vecinos. Valentín Álvarez, vocal de la Asociación de Vecinos y Amigos del Parque de Invierno, alerta de la «inseguridad» en su zona, con robos recientes. «Está oscuro por la noche, de 30 farolas alumbran ocho o 10», y esa penumbra favorece los botellones y el pintarrajeo junto al Palacio de los Niños, que también «es sangrante en las puertas de los garajes. Y Pedro del Valle, de la Asociación de Muñoz Degraín y González del Valle, denuncia que el «abandono» en cuanto a limpieza está llevando la proliferación de «ratas».

Otra visión la aporta Sandra Sutil, presidenta de la Asociación de Comerciantes del Oviedo Antiguo: «El comercio aquí se muere. Cuando levantas la persiana y ves todo pintado, vomitadas, afecta». Reclama «dinamización» para la zona. «No sé si la vigilancia es la solución pero hay que atraer gente», remata.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos