Vecinos y comerciantes de Otero advierten de la falta de seguridad tras el último robo

Los bloques donde actuaron los ladrones, en la calle Emigrante. /P. L.
Los bloques donde actuaron los ladrones, en la calle Emigrante. / P. L.

Toman medidas propias, como colocar bien los felpudos de las viviendas o instalar alarmas en las negocios, para evitar a los ladrones

P. CARRELO / R. AGUDÍN OVIEDO.

El nuevo caso de robo tras detectar los ya famosos testigos de plástico ponía en vilo a Otero el pasado domingo. Un hecho que se producía de noche, en una de las viviendas de los bloques de la calle Emigrante, y que la Policía Nacional continúa investigando. Según fuentes policiales, no se han registrado más denuncias. Aunque, en lo que va de verano, los ladrones han actuado en el entorno de la Ronda Sur y en El Cristo. La Policía ha montado un «dispostivo específico» para combartir los asaltos.

Tras el último episodio, son muchos los vecinos del barrio de Otero que se preocupan y toman medidas por su cuenta, como Guadalupe Bobes, que reconoce que trata de tener siempre bien colocado el felpudo de sus vecinos de puerta, «aunque no los conozca». Para esta profesora, «todos tenemos que estar más alerta, sobre todo si sabemos que no hay propietarios».

Consciente de que todo se agrava en el periodo estival, Agustín Bobes recomienda «ser discreto cuando te vayas de vacaciones y no andar contándolo por ahí», porque «no te puedes fiar ni un pelo». También ha tenido «mucho que ver que la calle del robo esté muy poco transitada», comenta Bobes, algo en lo que no coinciden los comerciantes del barrio. Avelino Rodríguez se queja desde detrás de la barra de la «poca seguridad» que existe en general: «Aquí entraron tres veces en quince días, antes de que tuviésemos alarma; en Lata de Zinc, siete u ocho veces; al local de al lado también intentaron entrar y al de la academia de conducir le han robado los ordenadores», y es que «por aquí no hay comercio que no haya sido asaltado».

La inseguridad es tal que «lo mínimo que pueden hacerte es 'grafitearte' las persianas», añade Rodríguez. «Y luego se presume de tener una ciudad tranquila».

Opiniones que comparte con el tatuador Marcos Bobes, en cuyo negocio intentaron entrar en mayo forzando la cerradura. Aunque no lo lograsen, se ha visto obligado a instalar una alarma en la que se deja 55 euros cada mes. Se queja de no haber visto refuerzo policial.

Otros vecinos se muestran más tranquilos, porque «los robos no son cosa de Otero, están siendo generalizados en Oviedo», argumenta Julio Candanedo, contento con la mejoría del barrio en los últimos años pero no tanto con el trato que este recibe: «Hace tiempo que la Policía no viene por follones como los que había antes, que desaparecieron, pero ahora tampoco es que se molesten mucho por el barrio».

Algunos se muestran indiferentes, «sin miedo», y afirman que en caso de encontrarse un testigo de plástico en su puerta, lo quitarían «sin avisar a nadie», desoyendo a la Policía, que en tal caso recomienda llamar al 091.

También se aconseja evitar abrir el portal del edificio a desconocidos, instalar programadores que accionen las luces de casa, cerrar puertas y ventanas, o exigir la acreditación pertinente a representantes de las compañías eléctricas o telefónicas.

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