La vendedora Rosa María Iglesias reparte 350.000 euros del cupón de la ONCE

Rosa María Iglesias ayer en su puesto de la estación . /  ALEX PIÑA
Rosa María Iglesias ayer en su puesto de la estación . / ALEX PIÑA

R. A.

La cara de Rosa María Iglesias reflejaba ayer alegría en su puesto de la estación de autobuses de Oviedo: había repartido 350.000 euros en premios gracias a los diez boletos que vendió del cupón de la ONCE. Se enteró de esta gran noticia ayer por la mañana, pero desde el jueves por la noche tenía la mosca detrás de la oreja: «Minutos antes de acostarme miré los números ganadores y vi el 10.746. Esa cifra me sonaba, pero no fue hasta las ocho de la mañana cuando me confirmaron la noticia».

Desde ese momento, Iglesias no ha parado de recibir felicitaciones por parte de sus clientes habituales. Más de uno se lamentó de que este número no le hubiese tocado a él. «Lástima que no llegó la suerte un viernes, que es cuando yo juego», le comentaba uno de ellos.

Iglesias no conoce aún a los afortunados, pero se acuerda que una señora que adquirió tres cupones: «El resto de personas a las que le sonrió la suerte no tengo ni idea de quiénes son. Por mi puesto pasan mucha personas que no conozco», añadió para, a renglón seguido, especificar que si uno de ellos hubiese pagado cincuenta céntimos más, hubiese tenido un sueldo de 3.000 euros al mes durante veinticinco años. «Una de las series que tocó la vendí yo, pero este premio no fue abonado».

Esta es la primera vez que Iglesias vende un primer premio después de diecisiete años como vendedora. Antes había dado la suerte con el rasca: «Repartí mil euros, pero ahora he dado un primer premio».

Desde hace quince años está cada día en la estación de autobuses de la calle Pepe Cosmen. «Me instalé cuando inauguraron este edificio y aquí sigo», añadía. Los conductores de ALSA le compran cada día un cupón y alguno de ellos juegan números fijos. Hasta este puesto se acercan también numerosos viajeros, antes de emprender la marcha y dirigirse a su destino, en Asturias o fuera. «Aquí viene mucha gente, alguna que está de paso», añadió mientras atendía las felicitaciones que le llegaban de los trabajadores de la estación.

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