«Vengo a diario desde hace 14 años»

José María García ante la sepultura donde yacen su hijo, su mujer y su suegra, cubierta de flores. / FOTOS A. PIÑA
José María García ante la sepultura donde yacen su hijo, su mujer y su suegra, cubierta de flores. / FOTOS A. PIÑA

«Es el gusto que tengo, porque aquí es donde mejor me encuentro», cuenta este hombre de 86 años en el día de Todos los Santos | José María García visita la sepultura de su mujer, su hijo y su suegra todas las mañanas

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

En la tumba de la familia García-Carretero nunca faltan flores. Hay tantas que para saber quién yace ahí es necesario apartar los ramos y macetas sobre la lápida de mármol negro que custodia, día sí, día también, José María García Pérez.

Este hombre de 86 años y ojos azules, nublados por la desgracia de la pérdida de un hijo de tan solo 25 años, no falla ni un solo día a su cita en el cementerio de El Salvador. Ayer, día de Todos los Santos, su presencia se hizo más ineludible si cabe: «Vengo todos los días del año».

Lo hace desde hace catorce años, cuando falleció su mujer, que «se llamaba Amelia». Es su terapia para paliar la pérdida de sus seres más queridos. «Tengo enterrados aquí a mi hijo, que murió hace treinta y cuatro años bajando a Trubia por culpa de un camión, a mi suegra y a mi mujer».

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Lo cuenta con la templanza que le ha otorgado el paso del tiempo. Sin dramatismos, García explica por qué acude todos los días. «Es el gusto que tengo, porque aquí es donde mejor me encuentro». Ayer llegó hasta la tumba de su familia a las diez de la mañana. Marchó a la una y cuarto del mediodía. ¿Qué hace tantas horas aquí?: «Hablo con ellos, les cuento todo lo que me pasa a mí, lo que pasa en casa. Si se me rompe algo yo se lo cuento, es como si estuviésemos viviendo juntos».

«Subo en autobús»

Hace años, cuando conducía su destartalada furgoneta se traía la comida al cementerio. «Ahora ya no, el médico me desaconsejó conducir y tengo que subir en autobús». Lo hace desde su barrio, Ventanielles, donde tiene su domicilio este jubilado que confiesa haber trabajado en «muchas cosas»: en una fábrica de explosivos en lo que hoy es el polígono de Silvota, en sus años de juventud, o como transportista antes de la jubilación. Lo contó mientras se despide de su familia: «Hasta mañana que ya es hora de irme a comer», musitó el hombre mientras el camposanto bullía de gente.

Las flores frescas señalaron la celebración de Todos los Santos. Cita ineludible para miles de ovetenses que ayer se acercaron hasta El Salvador. «Venimos todos los años, es una tradición familiar», explicó Jorge de la Uz ante la lápida familiar. Sin embargo, para Ramón Carnicero el día de ayer es «puro cinismo»: «Vente un día de febrero y ya verás como no hay nadie». Allí estará José María García Pérez.

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