«En la vida se aprende de los errores, no de los aciertos»

Bernardo Gutiérrez de la Roza, en su despacho de Madrid.
/D. V.
Bernardo Gutiérrez de la Roza, en su despacho de Madrid. / D. V.

El presidente de la firma Ontier recibe con «orgullo» el galardón promovido por la revista 'Vivir Oviedo' y que recogerá el 22 de marzo Bernardo Gutiérrez de la Roza. 'Ovetense del Año'

CECILIA PÉREZ OVIEDO.

Por su trayectoria profesional, pero sobre todo por su perfil humano, el jurado que concede el galardón 'Ovetense del Año 2017', impulsado por la revista 'Vivir Oviedo', decidió que Bernardo Gutiérrez de la Roza (Oviedo, 1965), presidente y fundador de la firma jurídica Ontier Abogados, fuese el distinguido. Una condecoración que acepta algo «avergonzado» porque «no me lo merezco». Empresario, abogado y hostelero, su vida está llena de experiencias profesionales, unas buenas y otras no tanto. De estas últimas asegura que ha aprendido toda una lección de vida.

-¿Ser 'Ovetense del Año' es un premio o una responsabilidad?

-Lo considero una gran responsabilidad, por ello tengo una especie de sentimiento de estar avergonzado, creo que no me lo merezco. Pero por otro lado, sí que me llena de ilusión y de orgullo.

-El jurado valoró su perfil humano y profesional. ¿Cuál tiene más peso?

-Mi objetivo en la vida es ser una buena persona. Lo que más me halaga de todo lo que dice el jurado es el reconocimiento a una faceta más humana, porque desde el punto de vista profesional hay muchas personas que tienen más capacidades y habilidades que yo. Me llena de orgullo que valoren las cualidades humanas.

-Usted fundó y preside una de las firmas jurídicas más importantes de España aunque llegó tarde al mundo del Derecho...

-Entré con 18 años a la Facultad de Derecho, estuve tres meses y luego me puse a trabajar. Dejé los estudios y los retomé cinco años después.

-¿Qué hizo en ese paréntesis?

-Trabajar mucho. Tuve la suerte de trabajar en una empresa familiar de distribución de supermercados, luego empecé a traer productos de China, para lo que me ayudó mucho Pepe Cosmen. Con solo 17 años, fue la primera persona con la que empecé a trabajar. Hice de todo: una empresa de relojes, de supermercados... Esta no acabó bien y tuve que empezar otra vez de cero. Supe lo que era quedarme sin nada y por eso me puse a estudiar de nuevo Derecho. Lo hice de una forma más rápida a como la hace un universitario de 18 años.

-En Oviedo le recuerdan por el pub Piripi. Le acusan de ser el culpable de que muchos carbayones le dieran al baile...

-(Risas). Fue algo muy bonito. A los 17 años siete amigos nos pusimos a poner copas y luego a abrimos siete bares en Asturias. Fue una experiencia de la que guardo un gratísimo recuerdo.

-¿Y qué recuerda de esa etapa?

-Tengo unos recuerdos maravillosos porque el Piripi fue una referencia en Oviedo, donde había un montón de personas que iba a pasárselo muy bien, de forma sana. Un recuerdo imborrable de gente que sabía divertirse y respetarse.

-No todo fue un camino de rosas su faceta empresarial.

-No, pero me sirvió para aprender de todo. Lo primero, la importancia de una formación que no tenías. Contaba con una juventud exultante y muchas ganas de trabajar, pero no tenía la formación necesaria para hacer frente a situaciones complicadas que yo creía que podía sacar adelante. En la vida se aprende de los errores, no de los aciertos.

-Tanto aprendió que se ha convertido en un abogado líder en insolvencias y reestructuración de empresas.

-Me encanta ayudar a los demás cuando alguien tiene un problema de crisis empresarial. Puedo hablar desde mi conocimiento profesional como abogado y, sobre todo, por haberlo sufrido en primera persona.

-¿Cómo está el pulso de la empresa asturiana?

-Tenemos unas empresas espectaculares porque no tenemos miedo y nos gusta aceptar los retos y trabajar de forma concienzuda.

-¿Pero?

-Lo único que me da pena es nuestra falta de saber venderse. Asturias es una maravilla, pero nos falta el creérnoslo y como es tan fácil vivir aquí, al asturiano le cuesta moverse de su tierra. En un mundo tan global, es una pena que nos dé miedo cruzar nuestras fronteras.

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