Vuelven los oscuros estorninos

Vuelven los oscuros estorninos

El Ayuntamiento estudia ya la contratación de nuevo de una empresa especializada para ahuyentar a estos pájaros con ruidos y un águila

GONZALO DÍAZ-RUBÍNOviedo

Que regresen las ‘oscuras golondrinas’ tiene predicamento gracias a Bécquer, que regresen unos pájaros oscuros a millares, que llenan las calles de excrementos y malos olores y que se pasan las noches de murga, entre chillidos y disputas con sus congéneres para encontrar dormidero, no tanto, pero los estorninos han vuelto a Oviedo por tercer año consecutivo.

En las últimas semanas han sido pequeños bandos, casi avanzadillas, de estas aves las que han ido buscando refugio en los árboles de la capital para pasar la noche, pero desde ayer ya se cuentan por millares. No es casualidad. Los estorninos se agrupan durante las noches para protegerse de los depredadores. Antes de posarse en el dormidero elegido, los bandos parecen bailar en el aire, subiendo y bajando y cambiando de dirección en un espectáculo hipnótico que atrae a videoaficionados y curiosos. No lo hacen por entretener a estos, lo hacen para avisar al resto de estorninos que se hallen en los alrededores de que ahí existe un sitio seguro para pasar las horas de oscuridad. Los bailes de los pequeños bandos de estas semanas han acabado por atraer más y más aves a dormir en Oviedo.

En 2016, tras unas semanas de desconcierto y fotos, con decenas de aficionados tomando imágenes al atardecer de los bailes y giros de los bandos de estorninos sobre el Campo de San Francisco, el Ayuntamiento decidió tomar medidas. El suelo del gran parque del centro de la ciudad amanecía cada día cubierto de excrementos y plumas de estas aves. La Concejalía de Parques acudió a una empresa especializada, Locus Avis, para que tratase de ahuyentar a los estorninos y funcionó. Costó semanas de paseos con un altavoz que reproducía sonidos de rapaces y de visitas de un águila de Harris –la más mansa de las aves rapaces, la única que puede volarse en un entorno tan humanizado como una ciudad– los pájaros dejaron el Campo. El año pasado, ya no hubo desconcierto, Parques contó desde el primer día con Locus Avis y el sistema funcionó. Llegó a haber bandos con entre 75.000 y 100.000 aves, pero fueron dispersados rápidamente. Las escenas de bancos cubiertos de excrementos y las quejas de los vecinos insomnes no llegaron a repetirse.

Este año, con el nuevo reparto de competencias entre las concejalías aprobado en verano, la contratación se ha demorado, aunque el Ayuntamiento ya estudia repetir las medidas que tan buen resultado dieron el año pasado para alejar a esta plaga antes de que los problemas pasen a mayores.

Los estorninos pintos (Sturnus vulgaris) son omnívoros. En época de cría, y ponen dos veces al año, consumen grandes cantidades de insectos. Tantos, como para haber sido introducidos por la mano del hombre en medio mundo para luchar contra algunas plagas de los cultivos. En invierno, los insectos no abundan y la alimentación se torna más frugívora, hasta el punto de que grandes bandos de estorninos pueden acabar con cosechas enteras de aceituna. Por tercer año han vuelto a Oviedo en invierno. Tal vez a por las aceitunas de los vermús de La Paloma.

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