PASA mucho, te haces ilusiones con las maravillas que ha de procurarte la vida y al final de la espera es otro tren el que pasa por la estación.
Podríamos echarle la culpa al pecado original, aunque en materia de regalos debería haber menos disculpas y obsequios más originales.
Ese afán por rociar de perfumes a las personas que hacemos objeto de nuestros agasajos, indica que algo huele a podrido en estas ofrendas.
Será que falta imaginación para encontrar una gracia diferente. O a causa de esa graciosa excusa que es la falta de tiempo. Si bien es probable que dispongamos de suficiente fantasía y sobren las horas cuando cerramos las puertas a la rutina. Es el tedio que nos envuelve la mano que anuda el lazo de la merced convencional. Ni siquiera en fechas de Reyes Magos logramos ser mágicos.