Jorge Gallego, trabajador de la cofradía recitaba ayer en voz alta los números. «85, 80, 75, 70, 65...». Hasta que alguno de los congregados en la improvisada nueva lonja (el local anteriormente cedido a Protección Civil) gritaba «mío» y se quedaba con el pescado subastado. Al menos 15 años, según Dimas García, hacía que en Tazones no se rulaba cantando los precios, en lugar de exponerlos en la lista de una pantalla, como se hace hoy en día. La falta de ordenadores, pantallas y mandos en el nuevo emplazamiento provisional obliga ahora a recuperar una escena por nadie olvidada y por más de uno añorada. Es el caso de Rosa, cocinera del restaurante La Tortuga, a la que le agradó revivir el método tradicional. «Es más entretenido, más reñido y hablas más con la gente», comentó.