Carlos Sainz está acostumbrado a sufrir en las carreras, pero quizás no tanto como en el Dakar, que le ha enseñado su cara más cruel en sólo dos días. El viernes se despidió de cualquier posibilidad de triunfo, y sufrió demasiado en la pista con la dirección asistida rota durante 80 kilómetros sobre hierba de camello, antes de llegar a Atar. Pero lo peor aún estaba por llegarle. Cuando había recorrido solamente 26 kilómetros de la especial de este sábado, llegó a un punto donde había una inmensa duna, y su Volkswagen no podía ascender. El madrileño retrocedió marcha atrás para coger más impulso, metiéndose en una zona de piedras, y tuvo que llegar por carretera al final de la octava etapa, a Nouakchott, capital de Mauritania.