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Domingo, 8 de enero de 2006
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CUENCAS
LA LUCIÉRNAGA
El miedo a la libertad
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No es lo mismo usar la gabardina sindical para suplir la levita política que sustituirla por galones de teniente general. Son proporciones diferentes. Pero tienen en común el salirse de quicio.

Yo creo que el tremendo despropósito del jefe de la Fuerza Terrestre, José Mena Aguado, es un punto de inflexión en nuestra andadura democrática que tiene aplicación magistral en términos generales -nunca mejor dicho-, locales y particulares. Por lo que hace a la universalidad del caso, plantea la cuestión elemental que concierne a los fundamentos democráticos esenciales, cuyos principios damos por consabidos sin calcular la densidad del barniz que los protege. Corren tiempos en los que una ventolera sociológica de incierto origen -no es que lo desconozcamos, sino que preferimos el estilo indirecto- amenaza con descascarillar las trabajosas manos de pintura con las que hemos ido dando cuerpo al cuadro de nuestras libertades.

No es como para ponerse firmes -o cuadrarse, dicho al modo castrense-, pero tampoco hemos de olvidar que cuando Erich Fromm escribió 'El miedo a la libertad' (1941) la II Guerra Mundial (1939) ya iba por su segundo capítulo. De modo que en estos casos es sumamente aconsejable prevenir antes que curar las heridas beligerantes. Máxime, en este país que tantas excusas históricas ha encontrado para sacar a los caballos del establo y meterlos en el hemiciclo parlamentario. La herencia de Calígula es inagotable.

En lo municipal y espeso nos remitimos al primer párrafo para continuar la lección. La representación democrática no puede ser suplantada por ningún sindicato, sea minero, peleón o de industrias afines. Lo hemos repetido algunas veces, pero en esta ocasión supongo que todos quedaremos iluminados por el ejemplo paralelo. La democracia es un delicado mecanismo social que no se puede saltar a la minera. En lo personal, cada cual sabrá dónde ha puesto los subrayados a las declaraciones de Mena Aguado. Nadie ha dejado de criticarlas. Sin embargo, a nuestro juicio pareciera que habrían de merecer una reflexión algo más que anecdótica. La categoría es constitucional: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado». Título preliminar.



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