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Domingo, 8 de enero de 2006
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OPINIÓN
OPINIÓN EDITORIAL
El empleo, más allá de las cifras
LOS últimos datos difundidos por el Servicio Público de Empleo revelan que Asturias finalizó el año 2005 con 5.382 parados menos de los que tenía al inicio, lo que supone un recorte porcentual del desempleo del 8,66%, un descenso que sólo ha sido superado por Cantabria entre las regiones españolas. Este dato es esperanzador, sobre todo si tenemos en cuenta que a escala nacional la disminución del número de parados ha sido del 0,46% a lo largo del año. No obstante, mientras no conozcamos los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), único medidor del mercado de trabajo homologado por la Unión Europea, no podemos establecer más que juicios provisionales, porque no sería la primera vez que ambos instrumentos arrojan conclusiones divergentes: cifras positivas del Servicio Público de Empleo contrarrestadas con una menor tasa de población activa y un mayor número de desempleados por parte de la EPA.

En la etapa democrática, el paro ha sido la principal preocupación de los asturianos. A los dos años de las primeras elecciones democráticas, la segunda crisis del petróleo, provocada tras la llegada de Jomeini al poder en Irán, puso en cuestión todos los sectores productivos de nuestro tejido industrial, provocando un descenso de las plantillas en la siderurgia, el sector naval, la minería, los bienes de equipo, etcétera. Desde entonces, la atención prioritaria del Principado, y en alguna medida de los ayuntamientos, ha estado volcada en hacer frente al desempleo. Por eso, el discurso permanente de la clase política asturiana ha estado orientado hacia el objetivo de la reindustrialización, como un intento por recuperar la situación laboral anterior a las crisis energéticas.

Esta preocupación colectiva por el paro nos ha hecho olvidar que no se trata de un fenómeno autónomo, sino que es la consecuencia de un determinado mercado de trabajo, y en general, de la marcha económica de la región. Discutir sobre el objetivo de bajar de los 50.000 desempleados, o sobre el temor a instalarnos por encima del nivel de los 60.000 parados, no tiene mucho sentido, porque lo que hay que hacer es atacar las causas del problema. Algunos datos ilustran sobre la cuestión. De 1995 a 2004, la población ha crecido en España un 9,63%, mientras que en Asturias ha descendido un 1,68%. El PIB medio acumulado ha experimentado una subida del 38,3%, con Murcia como región con mayor crecimiento de riqueza, con un 50,5%, y con Asturias en último lugar con un 22,2% de crecimiento. Si miramos los datos de inversión privada, Asturias registró una media de crecimiento anual del 0,79%, mientras que a escala nacional fue del 2,77%. Todos estos son los factores que hay que corregir para evitar el déficit de empleo.

Hay dos parámetros que condicionan el resultado final y es preciso analizar: la política de gestión de las subvenciones y la tasa de actividad. En la edición de ayer de este periódico se publicaba una información según la cual Asturias fue la región que menos creció desde nuestra incorporación a la UE. Una realidad difícil de asimilar si se tiene en cuenta que Asturias fue hasta ahora la región europea que recibió más fondos estructurales por habitante. Como tampoco se entiende que siete años de aplicación de fondos mineros no hayan detenido un ápice la caída demográfica y de empleo de municipios como Mieres o Langreo. Sin hacer una autocrítica sobre el papel que están jugando todo tipo de subvenciones, y su reconversión, de inversión en gasto corriente, es difícil que éstas coadyuven al incremento de la riqueza de la región. La falta de rigor en la gestión de las ayudas públicas viene de antiguo, ya que antes se instrumentaba a través de las partidas de los Presupuestos Generales del Estado en el balance de las industrias públicas, y ahora se realiza para todo tipo de iniciativas (infraestructuras, industriales, empleo directo). Los acuerdos de concertación que se firmaron en las dos últimas legislaturas (Pacto Institucional por el Empleo, y el Acuerdo para el Desarrollo Económico, la Competitividad y el Empleo) dedicaron grandes sumas de recursos a planes de empleo que no han sido más que un complemento al gasto corriente de las instituciones territoriales. Dar ocupación no es lo mismo que crear empleo.

El otro factor de atención es la baja tasa de actividad revelada, o lo que es lo mismo el escaso porcentaje de personas en edad laboral que desean trabajar. Estamos diez puntos porcentuales por debajo de la media nacional. La depresión demográfica es una causa, ya que se jubila más gente de la que accede al mercado de trabajo, pero sobre todo pesa la salida política y sindical que se ha dado a las crisis industriales, al plantear una estrategia de rentas y no de reasignación de sectores productivos. Aquí la forma de evitar que el paro crezca ha pasado por retirar a la gente del mercado de trabajo, con rentas aseguradas. Con una oferta de mano de obra escasa es imposible atraer inversión privada y crear empleo. En este punto es muy curiosa la comparación con Murcia, el otro territorio peninsular englobado en el grupo europeo de regiones 'Objetivo 1 bis'. En Murcia, las ayudas europeas han servido para ponerse a la cabeza del crecimiento de riqueza y con 1.120.000 habitantes tienen casi cien mil puestos de trabajo más que Asturias.

La dotación de autovías o de equipamientos industriales, como las centrales de ciclo combinado, cobran en el discurso oficial asturiano un valor meramente instrumental: mientras se construyen dan empleo. Sin embargo, mejor haríamos en olvidarnos de atajos para mejorar temporalmente las estadísticas de empleo, y concentramos nuestros esfuerzos en crear oportunidades para la actividad económica, gestionando con sentido de la oportunidad las ayudas que recibimos y ampliando el mercado laboral.



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