La memoria de la Asociación de Defensor del Paciente acumula, tras los fríos datos estadísticos, historias con nombres y apellidos. Casos de enfermos o usuarios que se han sentido injustamente tratados por el personal del sistema de salud o a los que el devenir les deparó un triste final sanitario. Este es el caso, según sus archivos, de una anciana de 81 años, que ingresó en el Hospital Central de Asturias para someterse a un estudio clínico, y que acabó sufriendo un accidente en plena habitación. Cayó de la cama, ya que no le habían puesto las preceptivas barras de contención. A causa del golpe recibido en la cabeza, que le provocó un traumatismo craneoencefálico agudo, falleció pocos días después.
Su caso data de junio de 2004, pero figura en la memoria de 2005 ya que no fue hasta el año pasado cuando sus familiares iniciaron la reclamación por la vía penal. Su caso está pendiente de resolución judicial.
Otra historia, con resultado mortal, es el caso de un hombre que sufrió un infarto el pasado verano en Villaviciosa y que murió antes de que llegara la ambulancia, que demoró «mucho en asistirle», apunta el balance de la Asociación.
Y de las muertes, a los daños irreparables. Como el sufrido por un bebé gijonés, durante un parto gemelar. Ocurrió en Cabueñes, a finales de 2003. Sus padres denunciaron el caso dos años más tarde, cuando un médico les certificó que las deficiencias sufridas durante el alumbramiento (se retrasó más de lo aconsejado) habían dejado en uno de los dos pequeños graves lesiones neurológicas de carácter irreversible. Los padres han iniciado juicio en demanda de responsabilidad patrimonial a la administración sanitaria regional.
También es de reseñar lo ocurrido con una mujer de mediana edad en el Hospital San Agustín. Había sufrido un aneurisma y tenían que someterla a un drenaje (emboliación) para reparar la lesión neurológica. El drenaje no llegó, por falta de medios, y ahora la mujer sufre una especie de tetraplejia, que le ha dejado para siempre postrada en una cama.