TRAS la cena en el Palacio de Moncloa, los barones socialistas creen que el acuerdo sobre el 'Estatut' es cosa de días. Los dirigentes de CiU, Artur Mas y Jordi Pujol, consideran que hay un 70% de posibilidades de terminar en fracaso la negociación. El portavoz de ERC, Joan Puigcercós, considera que la negociación sobre financiación sigue en el punto cero. Maragall se muestra optimista. ¿A quién debemos creer? Lo grave no es que unos digan una cosa y otros afirmen la contraria, sino que la negociación más importante de esta legislatura, que nos afecta a todos los españoles, se desarrolla con total opacidad durante largas semanas. Un proyecto que debería debatirse y negociarse en el Parlamento se sustancia en hoteles, sedes de partidos, domicilios particulares. No queremos dentro de unos años leer en los libros de memorias de Rubalcaba o de Carod Rovira cómo se gestó el 'Estatut', necesitamos conocerlo ahora. Nunca hubo en España una negociación, entre formaciones parlamentarias, tan hermética como esta.
El Gobierno ha decidido poner buena cara en todo el proceso, convencido de que el mismo hecho de negociar la reforma del 'Estatut' es un paso adelante. Todavía no le hemos oído a Zapatero ni a sus ministros una crítica razonada sobre el Estatuto de Sau, que sigue vigente tras ser aprobado en referéndum en el otoño de 1979. ¿Por qué es bueno para los intereses generales de España arrumbar un texto que ha dado amplísimas cotas de autogobierno a los catalanes y ha colaborado a que todos vivamos la mayor etapa de paz y progreso de nuestra historia? Sabemos que a los partidos catalanistas el Estatuto de Sau ya no les vale, porque quieren ser reconocidos como nación, aspiran a recaudar todos los impuestos, desean que el catalán sea la lengua hegemónica en su tierra, y quieren unas leyes y unos tribunales a la medida de sus sueños nacionalistas. Pero esas razones no pueden servir para el Gobierno de España.
Entre tanta discusión sobre la definición de Cataluña y el reparto de tributos, nos quedamos con la sensación de que Zapatero considera que el nuevo 'Estatut' es mejor para España que el Estatuto de Sau, porque deja más satisfecho a los nacionalistas. A eso se le llama el interés general.