LA decisión del Pentágono de iniciar de nuevo los juicios militares a los detenidos de Guantánamo ha reavivado el enconado debate jurídico que en Estados Unidos y fuera de él provoca aquel campo de internamiento para supuestos terroristas.
La existencia de Guantánamo debe entenderse, que no justificarse, en el contexto de la tremenda conmoción que los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 supusieron para la sociedad estadounidense. De la reacción de Washington ante aquel brutal ataque en suelo propio, nació esta improvisada prisión en la que se retuvo inicialmente a los 'prisioneros' taliban capturados en Afganistán a finales de ese mismo año, pero que después ha ido llenándose -hasta alcanzar los 500 detenidos- con los voluntarios extranjeros y terroristas capturados en otros lugares. La Casa Blanca decidió entonces que al no pertenecer a un ejército convencional de un país reconocido, estos no podían ser tratados sino como «combatientes enemigos»; una vaga e inquietante definición, dentro de una guerra que en nada se parecía a las conocidas, y que ya incluso en aquellas fechas causó no poca inquietud entre los más ortodoxos juristas. De nada han servido en estos años los intentos de Washington de que la Cruz Roja visitase su centro; la organización humanitaria, muy en sintonía con el reproche generalizado que la prisión causa en buena parte de la opinión publica norteamericana y, desde luego, en la comunidad internacional, se ha negado a aceptar la invitación ante sus temores de que su presencia terminase siendo una mera visita guiada e incluso con serias posibilidades de ser instrumentalizada.
Reanudar los juicios ante tribunales militares, sin esperar el pronunciamiento del Tribunal Supremo sobre la validez de los recursos presentados ante la Justicia civil, previsto para primavera, es un craso error de la Administración Bush a nivel jurídico. Pero más allá de la cuestión de las libertades fundamentales, a las que tienen derecho incluso los asesinos, porque precisamente en eso se basa un verdadero Estado de Derecho, Guantánamo no debería haberse creado porque su eficacia en la guerra contra el terrorismo es más que dudosa.