A finales de este mes se va a celebrar una cumbre astur-galaica, presidida por Álvarez Areces y Pérez Touriño. La última reunión de este tipo se celebró en 1999, recién llegado Areces a la Presidencia del Principado. Aquel encuentro tuvo su morbo, porque suponía el encuentro, cara a cara, de un ex dirigente comunista de la Universidad de Santiago de Compostela y un ex ministro de Franco. Aunque la sesión de trabajo fue muy cordial, nunca más volvieron a organizar un tinglado similar Areces y Fraga. Ahora la sintonía socialista que existe entre los gobiernos de las dos comunidades ha facilitado el encuentro.
Asturias y Galicia están condenadas a entenderse, porque tienen intereses comunes en materia de infraestructuras de transporte y a ambas les beneficia el reforzamiento de los lazos de solidaridad territorial dentro del Estado. Potenciar el noroeste, como espacio común necesitado de inversiones públicas, es un objetivo que deben compartir los dos gobiernos. Sin embargo, hasta la fecha, la relación entre las dos comunidades es más bien escasa. Uno de los problemas que tienen las regiones cantábricas es que cada una hace la guerra por su cuenta, sin ser conscientes de que el desarrollo económico y la explosión demográfica de las regiones mediterráneas las dejan en una situación de inferioridad.
Un hecho reciente ha cambiado el sentido de esta cumbre: la irrupción del nacionalismo gallego en áreas de gobierno. La propuesta del BNG de anexionar municipios asturianos a Galicia, planteada en su propuesta de nuevo Estatuto de Autonomía, condiciona las relaciones entre ambos territorios. El Principado no puede olvidar que políticamente Galicia ha crecido ante los ojos de Zapatero, al formar un Gobierno de socialistas y nacionalistas, que es la combinación que hace feliz al presidente. Un político desconocido, como Anxo Quintana, aprovecha la Vicepresidencia de la Xunta para reclamar deudas históricas multimillonarias, en línea con el discurso de Carod-Rovira. Al Gobierno asturiano le toca hilar fino para potenciar proyectos que interesan a ambas regiones, sin ceder un ápice en materia lingüística. Hay que evitar los conflictos de frontera porque somos algo más que dos tribus.