En el reverso de la recta de meta, la explanada donde acampan los equipos en el circuito de Jerez, el hueco que dejó Ferrari a primera hora de la mañana llamaba la atención. La escudería especial, la más emblemática y reconocible de la Fórmula-1, se marchó ayer de Andalucía con su cargamento de camiones, empleados y secretos a cuestas. Y lo hizo con una sonrisa en el semblante del legendario cavallino negro. Nadie canta victoria, no hay campanas al vuelo, pero se percibe el optimismo por todos los costados. Los coches van rápidos y no han molestado con problemas en Jerez.