Resignados y preocupados. Así se encontraban en la mañana del miércoles los hermanos Inmaculada y Manuel Escandón y Ramón Noriega, ganaderos de Peñamellera Alta, ante la presencia de los veterinarios de la Consejería de Medio Rural que se disponían a introducir un implante cerámico identificativo en el interior del estómago de 300 ovejas y cabras de su propiedad.
Resignados por el temor a perder las subvenciones y la licencia municipal de pastos si no aceptan el nuevo control y preocupados porque desconocen los «efectos secundarios» y las incidencias posteriores que la iniciativa puede llevar aparejada en la vida del animal. Y es que este mes ha comenzado a implantarse el denominado bolo rumial en ovejas y cabras, un elemento que sirve para identificar a las reses y que además, mejora la seguridad alimentaria y facilita el registro y la trazabilidad.
También será una herramienta útil para evitar posibles fraudes. «Da unas garantías tremendas, porque no se puede manipular», destaca el director general de Ganadería, Ibo Álvarez. Incluso cuando un animal pierda su crotal, será más sencillo hacer un duplicado, ya que llevará toda la información en su interior. Han comenzado por Peñamellera Alta, coincidiendo con la campaña de saneamiento, y se desarrollará por toda Asturias.
Se trata de una medida obligatoria aplicada en virtud de un reglamento de la Unión Europa y desarrollado por el Ministerio de Agricultura en un Real Decreto y que entró en vigor el 1 de enero de 2006. La novedad consiste en que en lugar de implantarse el chip subcutáneo, ahora los animales se tienen que tragar el bolo.
«En la panza»
«El microchip queda en la panza y no lo expulsa», detalló el director general de Ganadería, Ibo Álvarez. Su tamaño es de unos cinco centímetros, «como un dedo pulgar», decían los ganaderos en Alles. Pero no es sencillo colocar este objeto en el interior de la cabra o la oveja. Los veterinarios tienen que depositarlo en el estómago del animal tras superar la faringe. Para lograrlo, utilizan «una especie de pistola con disparador de gases».
Esta normativa europea, que obliga a que el chip no esté colocado entre el cuero y la carne del animal, no termina de convencer a los ganaderos. Al menos a los de Peñamellera Alta. Y es que las referencias que tienen de medidas similares aplicadas con anterioridad no son del todo favorables. Hace unos años, se implantó este bolo rumial a las ovejas xaldas, dentro de un estudio genético para seleccionar ejemplares resistentes a las encelopatías. Desafortunadamente, murieron algunos ejemplares. En concreto, las ovejas que fueron implantadas durante la primera semana. Ibo Álvarez, no obstante, matiza que fue la «falta de práctica» y el haber seguido al pie de la letra la normativa europea lo que motivó esas bajas.
Así, garantiza que ahora saben lo que hay que hacer y que ya aprendieron de esa experiencia. El problema con las xaldas estuvo en su tamaño. El bolo se colocaba en función de su edad, pero al ser las xaldas pequeñas, dio problemas. Por este motivo, ahora no se guían por criterios de edad, sino de peso. Sólo se coloca el bolo a los ejemplares que pesan más de 20-25 kilos.
En cualquier caso, si muriese algún animal a causa del bolo, Medio Rural indemnizará al ganadero. Finalmente, al filo del mediodía del miércoles aparecieron dos veterinarios de Medio Rural y en el paraje de La Granda sólo implantaron a 25 animales de los 300. La razón fue que los que ya tenían crotal identificativo o pesaban menos de 25 kilos no se sometieron a la intervención. A continuación, sangraron a todas las cabezas de ganado menor reconocidas para someterlas al control de la brucelosis.
El primero
Y ya antes, el primer implante se hizo en la localidad peñamellerana de Mildón, el día 5 de enero, sobre 80 cabras propiedad del ganadero Alejandro Sánchez. Este ganadero comentó que se habían personado en su explotación«dieciséis veterinarios» y de ellos «sólo dos eran expertos», mientras que el resto «venía a aprender».
El ministerio corre con el 50% de los gastos de implantar el bolo y la consejería pone el resto del dinero, ya que asume el coste de este sistema de identificación que correspondería al ganadero.