Si es difícil encontrar una aguja en un pajar, ¿se imaginan lo que sería hallar en la inmensidad del océano un bogavante con tres pinzas? Pues en Tapia no sólo lo han conseguido una vez, sino dos. Los propietarios del restaurante La Marina no salieron de su asombro anteanoche cuando vieron que uno de estos exquisitos crustáceos que acaban de comprar tenía tres tenazas. Y la sorpresa no era para menos, ya que el pasado 5 de diciembre ya había llegado a sus manos un ejemplar que presentaba esta misma mutación.
Como en el caso anterior, este peculiar bogavante ha sido donado a la Coordinadora para el Estudio y la Protección de las Especies Marinas (Cepesma) par su estudio. Esta asociación investiga las causas que pueden haber provocado esta malformación genética.
De momento, hay dos posibilidades que explican por qué estos crustáceos presentan tres pinzas en lugar de una. La primera se refiere «a una posible mutación causada por la contaminación», tal y como explica Luis Laria, coordinador del Cepesma. Para efectuar esta afirmación se basa en la zona en la que, posiblemente, pudo haber sido capturado este ejemplar. «Aún no sabemos si procede de una partida pescada en Asturias o en Irlanda. Si viene de este lugar, debemos recordar que se encuentra en una zona relativamente próxima al mayor cementerio de residuos radiactivos del Atlántico», comenta.
Laria se refiere a la zona -a unas 300 millas al Oeste del lugar donde se hundió el 'Prestige' en la que desde 1970 y hasta 1982 se vertieron hasta 95.000 toneladas de productos radiactivos.
Anomalía natural
El segundo motivo que puede explicar esta mutación puede hallarse en la propia naturaleza. «Tampoco es descartable que este nuevo ejemplar provenga de la población de bogavantes que el hallado en diciembre y que sufren alguna anomalía natural», comenta Luis Laria.
Este segundo crustáceo presenta en la pinza fija izquierda una duplicidad. En el ejemplar detectado el pasado cinco de mayo, esta misma mutación se detectó en la tenaza izquierda. Todo un misterio.