La parroquia y una inmobiliaria de Buenavista sufrieron en la madrugada -ya casi mañana- del domingo sendos asaltos. Los delincuentes no se llevaron apenas dinero (cinco euros), ni ningún objeto, pero provocaron destrozos en los locales y consiguieron dar un buen susto a los sacerdotes del templo, Santiago Velasco y José Ramón Castañón, y al propietario del negocio, Ramón del Fresno, quien además es alcalde de barrio. No es el primer acto vandálico registrado en locales de la zona. En la misma calle, Los Nogales, han sufrido hasta 17 atropellos.
Pasadas las 07.00 del domingo, un asaltante, o asaltantes, rompió las puertas de cristal de la inmobiliaria con una tapa de registro de la luz y accedió al interior. «Abrieron todas las puertas, armarios, tiraron piezas de las maquetas por el suelo, destrozaron objetos Andaban buscando, creo yo, algo de dinero en efectivo», explicó Del Fresno. No lo encontraron, porque no lo guarda allí. Tuvieron «un tiempo muy breve» para actuar, porque enseguida saltó la alarma, conectada con una compañía privada de seguridad. En 10 minutos, dos patrullas del Cuerpo Nacional de Policía se personaron en el lugar.
Poco después, sobre las 09.30, cuando el sacerdote José Ramón Castañón llegó a los Santos Apóstoles para presidir la misa de las 10.00, vio cómo un joven saltaba por una de las ventanas de la iglesia. Previamente, había roto el cristal y había aprovechado el orificio para abrirla y entrar. Una vez en el interior -sólo o en compañía de otros, extremo todavía por confirmar-, rompió puertas, profanó el sagrario y tiró las sagradas formas por el suelo, forzó y abrió armarios, y desperdigó objetos y documentos, tanto en los despachos parroquiales, como en los cedidos a Cáritas o a Alcohólicos Anónimos.
Sucesos sin relación
«No quedó nada sin revolver», describió el párroco, Santiago Velasco, según el cual, «posiblemente buscaban dinero». No encontraron mucho, «un sobre con 5 euros», aunque todavía no han contactado con el grupo de Alcohólicos Anónimos para saber si a ellos les han sustraído alguna cantidad. No es el primer acto vandálico que sufren. Hace apenas unos días, se dejaron la puerta abierta en un descuido, y les robaron el misal del altar y un libro de lecturas. En tres ocasiones anteriores, prendieron con fuego un carrito de niño con ropa vieja y quemaron uno de los accesos; rompieron una ventana; y forzaron una puerta.
Tras la presentación de sendas denuncias, el Grupo II de Delincuencia Urbana de la Policía Nacional investiga los hechos. Según confirmaron fuentes del cuerpo de seguridad, en principio, no ve ningún tipo de relación entre los dos sucesos. Pero todavía quedan por elaborar los informes de la inspección ocular técnico-policial de la Brigada Provincial de la Policía Científica.
No es el primer robo que se produce en la zona. En la calle de la inmobiliaria, Los Nogales, sufrieron atropellos en prácticamente todos los establecimientos. En el gimnasio Taikum, propiedad de Rodolfo Suárez Alonso, robaron, como mínimo, ocho veces. Tantas, que ya ni las recuerdan. Como explicó su hermano, Antonio, que trabaja en el establecimiento, «rompían la chapa de la puerta, entraban, revolvían las cosas y nos robaron el contenido de la hucha donde guardamos el dinero de las bebidas». Al final, pusieron una alarma en setiembre. Aún así, los ladrones volvieron.
A Florentina Fernández, propietaria de la peluquería Tina's, le robaron en noviembre la cartera con 600 euros. Hace dos años, habían forzado la puerta sin éxito. «Si estoy sola, cierro la puerta con llave. Tengo miedo», dijo. La guardería Pequeño Jardín también ha sufrido trastadas en tres ocasiones: plantas rotas, el robo de un tobogán, de un banco Pero considera los daños dentro de lo «inevitable». «Es una calle apartada, donde no hay portales, ni comercio abierto el fin de semana. Pero no es una zona conflictiva», concluyó una de las propietarias, Noemí Rodríguez. FLORENTINA FERNÁNDEZ
NOEMÍ RODRÍGUEZ