Pedro Jove Faes, ingeniero industrial, firma el informe que el Ayuntamiento encargó a Garrigues, Abogados y Asesores Tributarios sobre «la optimización del Servicio de Extinción de Incendios. Y la conclusión es que «se cubriría adecuadamente con un mínimo de ocho efectivos por turno», y no de los diez que trabajan en la actualidad en turnos de 24 horas. Esta cuestión, la del horario, también la echa por tierra el técnico. Propone turnos rotatorios de mañana, tarde y noche, y detalla los beneficios que para «la salud, el rendimiento laboral, el bienestar y la vida social» supondrá el sistema de trabajo desechado por los bomberos de Oviedo en 1993.
El jefe del servicio, José Manuel Torres, recibió ayer por la mañana el escrito y descartó que el propuesto sea el sistema más apropiado: «Para mí no sería operativo otra cosa que no sean 24 horas en cinco turnos», dijo. «No me encaja, no me salen las cuentas desde el punto de vista organizativo. Que sean diez los mínimos obedece a una asignación de tareas», aseguró. Para el responsable, ocho bomberos serían insuficientes para un municipio como Oviedo. «Y casualmente da con el gusto de determinadas personas que lo quieren aplicar», añadió el responsable, que lo acatará «si me obligan». Aunque él también elaborará un informe para el jefe del área de Seguridad Ciudadana, José Manuel López.
CSI tampoco está de acuerdo con las tesis del estudio. Su delegado, Miguel Ordoñez, explicó que en 1990 la dotación mínima exigida de guardia era ocho. En el 93 Vicente Pisano la estableció en diez. Después de Pisano llegó José Manuel López (el actual responsable) y tras él Agustín de Luis, «que quería incluso incrementar los efectivos», añadió.
Ordoñez reconoció que no existe legislación para fijar el número mínimo de bomberos pero «la evolución y los años de experiencia lo marca. Y con ocho no podríamos hacer frente a un incendio como el de La Tenderina». Este cambio supondría «un paso atrás que puede justificar retirar a gente», denunció Ordóñez. El sindicalista ve en este informe, que costó más de 11.000 euros, «una revancha de Gabino de Lorenzo por sacar los trapos sucios».