La paciencia de la comunidad educativa del Conservatorio Profesional de Música de Gijón se ha agotado. Llevan doce años reclamando mejoras en su sede, ubicada en el antiguo cuartel de El Coto, donde se instalaron «de forma provisional» en 1987. Casi veinte años después, esa provisionalidad se ha convertido en algo definitivo que ni siquiera cumple el mínimo previsto por la ley, según denunció ayer la directora, Julia Álvarez. Propone ubicar el conservatorio en el espacio que quede libre tras la eliminación de la barrera ferroviaria.
Álvarez explicó que los 620 alumnos del centro educativo disponen de 2.700 metros, un espacio notablemente inferior a los mínimos legales, que son de 4.700. Esta circunstancia obliga a impartir docencia en «condiciones lamentables», apuntó la profesora Isabel Seoane. «No te puedes ni mover», dijo. Ayer, un grupo de 57 personas seguían una lección coral en un aula de reducidas dimensiones, situada en los sótanos, en una antigua celda, entre un calor insoportable. Y los estudiantes de violín casi chocaban con sus arcos en otro habitáculo, aún más pequeño.
Julia Álvarez accedió a la dirección del conservatorio en verano de 2004 y, desde entonces, ha mantenido reuniones frecuentes con los responsables del Ayuntamiento -propietario del edificio- y de la Consejería de Educación y Ciencia, de la que depende el centro educativo. En todo este tiempo, la directora confió en que la salida a sus problemas estaba cercana, así que se dedicó a «contener las quejas de padres y profesores». Pero, al darse cuenta de que el proyecto de mudanza no fructifica, ha decidido denunciar de nuevo sus problemas ante la opinión pública y advierte que iniciarán movilizaciones.
Desde el conservatorio proponen tres posibles ubicaciones, dada la imposibilidad de crecer en su actual espacio -están rodeados del Centro de Salud y del Centro Municipal de El Coto-. Primero, sugirieron el edificio de la antigua 'Escuela de Peritos', que finalmente será ocupado por oficinas del Gobierno del Principado; luego, indicaron la idoneidad de la Escuela Universitaria Jovellanos, donde se prevé instalar un gran colegio público y, ahora, proponen la construcción de un nuevo inmueble en el terreno de las vías, aunque la alcaldesa, Paz Fernández Felgueroso, les ha contestado que «no, porque ahí no están previstos usos educativos», según dijo Álvarez.
«Ya no cabemos»
Los padres de alumnos también intervinieron en la rueda de prensa celebrada ayer. Su presidente, Antonio Aivar, descartó tajantemente ir a la Laboral, una ubicación «demasiado lejana para los niños más pequeños y poco adecuada, ya que la zona que nos ofrecieron tiene seis plantas y una distribución irregular».
La falta de espacios obliga a utilizar la biblioteca, el salón de actos y la sala de profesores como aulas. Incluso se manifestó en la comparecencia, ya que hubo que interrumpir una clase para poder utilizar la sala de profesores. «Siempre nos dijeron que aguantásemos, pero ha llegado un momento en que ya no cabemos. De hecho, hemos tenido que rechazar a 40 estudiantes», criticó Marta Hevia, jefa de estudios.
Hevia agregó que les han concedido la especialidad de Gaita para impartirla en 2007, pero que carecen de sitio para dar clase. «No sabemos si sacar un toldo a la calle», ironizó.