Manuel Tuero tiene una explotación ganadera de cerca de cincuenta vacas de leche en la localidad de Argüero, en el concejo de Villaviciosa. Su ganadería se ajusta al modelo que ha predominado en Asturias durante décadas, y que actualmente está cayendo en desuso para dar paso a las estabulaciones más grandes.
Tuero habla de la sequía con preocupación. Con todo, su situación no es tan mala como cabría esperar. Es cierto que la alimentación de su ganado depende, en parte, de la alfalfa, la cebada o la paja procedente de Castilla o de Aragón, y que la falta de lluvias en estas comunidades aumenta el precio del producto y también los gastos necesarios para mantener a flote su explotación. «Está todo a precios prohibitivos», asegura.
Sin embargo, su ganadería tiene menos problemas de abastecimiento, porque él mismo se encarga de cultivar buena parte del alimento que consume el ganado: planta maíz y, una vez recogido éste, 'ballicu'. Con estas plantas, que aportan mucha calidad y son muy resistentes al clima desfavorable, tiene garantizada buena parte de la alimentación. Esta práctica ha sido habitual en las explotaciones asturianas, y sigue vigente en la mayoría de las de pequeño tamaño que se mantienen hoy en día.
Sin embargo, ahora el modelo está cambiando, y cada vez son más frecuentes las ganaderías de mayor tamaño que no cultivan, y dependen totalmente de piensos y forrajes, comprados en su mayoría fuera de Asturias. Estas estabulaciones son mucho más sensibles a la sequía del exterior.
Especular con los precios
Respecto a los forrajes que se compran fuera de Asturias, Manuel Tuero cree que «hay muchísima especulación». Está convencido de que muchas empresas que reciben subvenciones de la Unión Europea, por ejemplo aquellas que producen alfalfa deshidratada, almacenan el producto y aguantan hasta que los precios del mercado suben. A este hecho hay que añadir la sequía de Francia. Muchos productores venden parte de esta alfalfa a agricultores franceses, lo que hace que el producto escasee y, con ello, que se encarezca. La sequía sirve también para hacer ver que Asturias está desaprovechando un potencial: la producción de pastos y forrajes. Existen, no obstante, algunos inconvenientes para la producción: la excesiva parcelación del terreno, la abundancia de minifundios y la orografía irregular que impide que haya explotaciones suficientemente grandes.
Hacer los números
Manuel Tuero cree que, al margen del modelo de explotación, existe otro factor que es importante destacar. Ha habido, en su opinión, una evolución positiva en muchas ganaderías en términos de gestión. Hoy en día, muchos ganaderos «hacen primero los números» y calculan las posibilidades de rentabilidad de su explotación, teniendo en cuenta los altibajos que siempre existen en precios y en situación climática. Esto evita muchos males.
Sin embargo, cree que la Administración «está haciendo un flaco favor a los jóvenes agricultores y ganaderos» al darles subvenciones con la única intención de que entren en el sector, «sin antes formarlos lo suficiente y explicarles los números». Así, es muy frecuente que se hagan inversiones a la ligera que terminan en fracaso. Pide, por ello, «más rigor a la hora de dar subvenciones».