NO es nuevo el apetito capitalino por succionar toda clase de organismos y establecimientos oficiales o paraoficiales. En realidad, el lamento gabiniano contra los efectos de una razonable descentralización es la expresión actual de una voracidad añeja, manifestada incluso desde 1833, con la ingurgitación del nombre de la provincia al aplicar el invento de Javier de Burgos .
Esa avidez insaciable alcanzó su punto culminante en el anterior régimen, tal vez estimulada por los vínculos de paisanaje con la cumbre del sistema. Pero el implacable paso del tiempo, aunque un vistazo al nomenclátor callejero de la capital parezca sugerir otra cosa, ha traído aires de racionalidad a la Administración pública. Se cumplen escrupulosamente las previsiones del Estatuto de Autonomía en cuanto a la capitalidad de la región y la sede de su Gobierno, pero no está escrito que otro tipo órganos o entidades de la órbita publica no puedan domiciliarse en poblaciones distintas a la capital.
Obsérvese, en cualquier caso, que las reivindicaciones planteadas son selectivas, porque conllevan siempre empleo estable y de alta calidad. Nada de chimeneas ni humos, no reclaman el vertedero de Cogersa para La Corredoria.
El reclamante tiene en su mano modificar la situación si se lanza al ruedo político regional. Pero no lo hará. Seguirá en su feudo municipal y en 2007 será Ovidio Sánchez -o Alicia Castro- quien compita con Areces, como Pilar Fernández Pardo lo hará con Paz Fernández Felgueroso en Gijón, donde, por cierto, Aurelio Martín puede sustituir como cabeza de lista a 'Churruca', que se iría a la Junta General del Principado. Al tiempo.