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Lunes, 23 de enero de 2006
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Canadá decide hoy si devuelve el gobierno a los conservadores tras 12 años de mandato liberal
Conservadores arropan a su líder, Stephen Harper. / AP
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Sus críticos le llaman «el mejor amigo de Bush» y hoy puede ser el hombre que devuelva el poder a los conservadores en Canadá tras doce años de gobiernos liberales. El Partido Conservador que lidera Stephen Harper sacaba ayer en las encuestas un cómodo margen de diez puntos sobre el gobernante Partido Liberal -el 37% frente al 27%-, pero sólo los votos cuentan.

No sería la primera vez que Harper, de 46 años de edad, se lleva una sorpresa en las urnas. Esta vez, su estricto apego al guión y el desgaste de los liberales por los escándalos de corrupción hacen pensar que su victoria se concretará.

Para ello, los canadienses habrán tenido que superar la animadversión que a muchos les produce el parecido de las políticas conservadoras con la de sus vecinos estadounidenses. Harper critica a los liberales por no haberse subido al carro de la invasión de Irak, se opone al Tratado de Kioto, propone reducir los impuestos y tiene al aborto y los matrimonies homosexuales en su punto de mira.

Muchos consideran que la batalla es entre el este y el oeste. Los conservadores de la Columbia Británica, con la escuela de Alberta, contra los moderados izquierdistas del corredor que forman Ontario y Quebec. Ahí, el Bloque Quebequés podría conseguir más de 60 escaños, lo que le convertiría en la segunda fuerza con mayor número de diputados.

Es también en esta provincia de origen francés que obsesiona al país por sus aspiraciones independentistas donde se ha fraguado el hundimiento del Partido Liberal. Tras el referéndum de 1995, que a punto estuvo de desmembrar Canadá, el entonces primer ministro, Jean Chretién, lanzó un plan multimillonario para mejorar la imagen del país en esta provincia y evitar otro referéndum. Buena parte de ese dinero fue utilizado, en realidad, para financiar al Partido Liberal de Quebec, pero este escándalo de corrupción le estalló en las manos a su sucesor, el actual primer ministro, Paul Martin, que en noviembre tuvo que disolver la Cámara de los Comunes tras perder una moción de censura.

Martin, de 67 años, ha sido considerado como un primer ministro débil, impotente para cumplir sus promesas, entre ellas la reconciliación con el Gobierno de Bush. Así es como el segundo país más grande del mundo después de Rusia, con menos habitantes que España y un sistema de salud público que prohíbe los hospitales privados, puede atreverse hoy a abandonar el consolidado estado del bienestar.



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