El Plan Director de la Catedral contempla la restauración de la denominada capilla de los Vigiles, donde el templo lucirá su primer baptisterio. No hay rastro de una pila bautismal en el recinto, aunque todo hace suponer que existió. Acorde a lo prescrito por el Concilio Vaticano II en el apartado sobre la 'Disposición de las cosas externas en el culto sagrado', San Salvador debe tener uno. Y para que deje su huella en la Historia, el Cabildo Catedral convocará un concurso de ideas.
Invitará a participar en él a una serie de artistas asturianos, pero todavía es pronto para aventurar nombres. «Tenemos que saber primero cómo va a quedar la capilla una vez restaurada, para que los proyectos se realicen acorde con el espacio», señala José María Hevia, el responsable de Patrimonio de la Catedral. Los arquitectos Cosme Cuenca y Jorge Hevia acometerán la rehabilitación cuando concluya la fase número 15 del plan, en la que se consolidará la nervadura de la girola.
Estos trabajos se adjudicarán en abril y concluirán, según las previsiones de la Consejería de Cultura, antes de finales de año. Entonces llegará el momento de plantear en firme cómo debe redistribuirse la capilla de los Vigiles, construida entre 1625 y 1640. Su nombre viene del benefactor que la encargó, Juan Vigil de Quiñones, quien llegó a ser obispo de Valladolid y Segovia.
A lo largo de su historia ha pasado por diversas reformas. La primera tuvo lugar en 1880, para ampliarla. Antonio González Capitel y Fernando Nanclares impermeabilizaron la cubierta entre 1981 y 1982. En el 98 llegó el Plan Director de la Catedral, que destinó 360.000 euros (entonces fueron 60 millones de pesetas) a la restauración de los ventanales de la fachada norte, la linterna de la capilla de Santa Bárbara y la cubierta de la de los Vigiles.
Retablo barroco
Esta sala lateral del templo aparece registrada en el Catálogo Urbanístico del Concejo de Oviedo. El texto reza que «no se aprecia ningún problema estructural» e impone «conservar en su interior el retablo barroco existente». Los relieves que decoran el altar no resultan ajenos a su futura función. Uno de los paneles del retablo fue realizado en 1641 por Luis Fernández de la Vega y representa la visita del arcángel Gabriel a la Virgen María, motivo por el cual también se conoce el recinto como capilla de la Anunciación. Sobre este relieve hay otro, que corresponde al bautismo de Jesús en el río Jordán.
Hevia anuncia que las crismeras (ánforas donde se conservan los óleos consagrados) ocuparán un lugar destacado en la renovada capilla. Ahora permanecen en la sacristía, pero tendrán su hueco junto a la pila bautismal.